Su apodo tiene una historia especial: de niño lo criaron sus abuelos y sus compañeros se burlaban diciendo que corría a refugiarse con su “avozinha” (abuelita, en portugués) cada vez que perdía algún partido.
Afinados, climatizados y sometidos a cuidados especiales, estos instrumentos requieren atención constante para mantenerse listos para su próxima interpretación.