Pienso que a estas alturas de la vida ya ustedes, mis lectores, me conocen. Saben de mis experiencias vitales, de mis “engalletamientos” a la hora de producir algún texto, de los sustos y las alegrías. En retrospectiva creo que se me ha quedado poco por compartir. Como me conocen, saben que hay temas que suelen repetirse, no textualmente, pero sí cuando alguna situación —aunque sea distinta a la que originalmente lo trajo a la palestra— lo revive.

Ocasionalmente, reviso ciertos grupos del “Camino de Santiago” en los que peregrinos de todas partes del mundo comparten sus experiencias y/o piden datos que puedan serles útiles para una próxima experiencia. Esta costumbre me lleva a confirmar que una vez que uno ha sido infectado con el virus del Camino, este no tiene cura.

Hace unos días encontré a una peregrina cuyo nombre es Pauline Wald quien ha escrito un libro llamado “Walking Toward Your Essential” que en español sería algo como Caminando hacia tu esencia. No he leído el libro, pero sí algunos relatos sobre vivencias en el Camino. Me llamó la atención uno en que luego de su encuentro con otro caminante que no lograba decidir por dónde seguir (aclaro que hay tramos del Camino en que la señalización es difusa), ella le comenta, palabras más, palabras menos: “El sendero que escojas no tiene gran importancia. Lo que importa es seguir caminando. Escucha tu corazón y da un paso en esa dirección”.

Hay tantas ocasiones en que nos vemos ante disyuntivas parecidas. Tantas veces que ante la incertidumbre nos congelamos y en lugar de seguir caminando seguimos dando vueltas como el perro que se muerde la cola sin lograr avanzar. Nos asusta dar pasos en falso; nos asusta gastar energías yendo en la dirección equivocada, pero yo me pregunto ¿qué es equivocado? ¿No aprendemos de cada experiencia vivida? Si ese es el caso, entonces no hay direcciones equivocadas.

Claro que uno se frustra cuando ve que el esfuerzo invertido no nos llevó a la meta deseada, pero ¿aprendimos algo? Si la respuesta es sí, entonces valió la pena el desvío. Eso es lo que debemos tener en cuenta. Importante, no dejar que el miedo nos abrume. Seguir caminando es el lema. Siempre seguir caminando. A veces, es necesario detenerse brevemente para analizar el próximo paso, pero solo brevemente.

Cuando leí la anécdota pude identificarme plenamente con la instrucción dada pues yo viví esa situación múltiples veces y cuando estás cansado —qué decir cansado, agotado— con ganas de llorar y con dolor, no solo en los pies sino en el alma misma, minicrisis existencial y otros ataques a la voluntad de seguir, hay que respirar hondo, mirar hacia adelante y dar lo que yo llamo “el paso salvador”. Uno solo. Sorprendentemente, este casi siempre viene acompañado de un segundo y un tercero. Y así nos vamos.

Casi siempre conquistamos el destino, que es lo que importa. Y quiero dejar muy claro que este caminar no es solo físico, mucho más importante es el emocional, el que nos lleva a sentir que somos verdaderamente felices.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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