29oct sombrita 00 - Todas íbamos a leer en voz alta

El lunes 18 de octubre nos reunimos en la Biblioteca Nacional por el Día de la Escritora, una fecha que desde 2016 festeja la Biblioteca Nacional de España y a la que se une Panamá.

Cae el lunes más cerca del 15 de octubre, festividad de Santa Teresa de Ávila, pionera en muchos ámbitos, escritora y pensadora.

Semanas atrás Dayana Rivas, de la biblioteca, me avisó que buscaban voluntarias para leer ese día. Me apunté con mucho gusto. Y ahora les voy a explicar por qué.

Los textos que íbamos a leer estaban bajo el paraguas de un tema, esta vez tocó Leer las edades de la vida.

Unos días antes llegó a mi correo el fragmento de El jardín de las cenizas de la panameña Gloria Guardia. Los textos, de autoras iberoamericanas, los eligió la arquitecta Gladys Turner con su pericia de curadora.

Empezamos a las 10:00 a.m. en un salón con aforo limitado. La primera en leer fue la directora de la editorial Biblioteca Nacional, Briseida Bloise, con Esposa de Escritor, de la mexicana Paola Tinoco, sobre engavetar sueños para apoyar (y sacar de las cantinas) a un esposo escritor parrandero y desobligado.

La abogada Ana Matilde Gómez leyó Pájaro sin alas, de Aida Judith Castrellón. Nos adentró a la vida de dos amigas de la infancia que se reencuentran en una comida para comparar figuritas de vida e historias. ¿A la que le fue mal en realidad le fue bien?

La comunicadora Rita Otero leyó De reinas y Maestras, de la bocatoreña Consuelo Tomás, sobre una miss que se prepara con todo para ganar.

La escritora, periodista y mi profesora de la universidad, Griselda López, leyó Modelos de mujer de Almudena Grandes.

Casi una decena de textos se escucharon en dos horas. Luego, el micrófono se abrió para que quien quisiera leyera una página o fragmento de su propia obra.

En ese encuentro con mascarillas, no éramos todas escritoras. Sí éramos amantes de la lectura como aquel personaje del cuento de Clarice Lispector Felicidad Clandestina, que leyó Priscilla Delgado, gestora cultural.

Disfruté descubrir historias y autoras. Gocé escuchando a las letras en voz alta. A mí no me inviten a hablar en público, pero sí a leer.

En segundo año de secundaria, en el Instituto Justo Arosemena, el profesor de español Nicolás Alonzo me dijo: ‘Muñoz, usted ha leído excelente’. Era un párrafo de Platero y yo. Desde entonces, no hay quien me baje de esa nube.

Pero hay una magia mayor en ser escritora y es que una vez que lo eres no puedes dejarlo. Una de las lectoras fue presentada como ex diputada y ex candidata. Ella, que se excusó por no ser escritora y se confesó ávida lectora, dijo que debería algún día escribir, pues a nadie se le dice ex escritora.