porlasombrita1000 1 - Por qué la gente está brava

Sí, he dicho brava. Hay otra palabra que lo describiría mejor, pero esa no la usaré. Todavía.

Hace unos días, a las 7:00 a.m., la hora que tengo permitido salir por víveres, según mi número de cédula, entré al minisúper más cerca de mi casa y vi a la cajera/supervisora/aseadora conversando con dos muchachos que le despachaban el pan al comercio. Estoy segura de que le preguntaron a ella dónde había estado y si había tenido la Covid 19, porque la oí responder: “Tuve algo peor, me llevaron a urgencias y tenía la presión altísima. El doctor dijo que me podía dar un infarto”.

Mientras yo me decidía entre la lechuga y el repollo, la mujer contó que trabaja 12 horas diarias. Y le creo, porque la he visto hablar de destapar el baño, llamar a los del punto de pago porque las tarjetas no pasan (creo que es por tanto desinfectante que le echan al aparato) y pedirle a los clientes, al entrar, que se apliquen alcohol en las manos con el atomizador recostado en un mueble de la entrada. Por eso digo que ella es cajera/supervisora/aseadora.

Esa mujer es, en esta realidad infectada, afortunada porque tiene trabajo.

Es casi tan afortunada como el taxista que me trae desde el supermercado a mi casa por 1.50 dólares y que con su mascarilla puesta, cruza los dedos para tener más pasajeros pero que ninguno de ellos lo contagie.

Desafortunados son los tres miembros de una familia, que conozco, y se han quedado sin ingresos a la vez.  O la maestra que se enteró el 30 de abril que su contrato ha sido suspendido. No les va mejor a los estilistas, manicuristas, meseros, fotógrafos de bodas que tienen mes y medio sin trabajar.

Pero nadie tan desdichado como aquel que hoy se va a enterar de que su familiar no pudo más y murió por el virus.

La mayoría de los panameños estamos claros y sabemos que con salud todo, y sin salud nada. ¿Qué comida sabe bien, qué ropa te queda bonita, qué ilusión puedes cultivar si tú o los tuyos están enfermos o muertos? Ninguna.

Y por eso, con bellaquería, hemos soportado la cuarentena.

La gestión de la ministra de salud Rosario Turner y la epidemióloga Lourdes Moreno para mí merecen un aplauso. Esas mujeres, y su equipo, la han tenido dura, y considero que el presidente las ha respaldado y respetado.

Pero no se puede desconocer que Panamá son muchos Panamás, está el de los empresarios y profesionales que se pueden quedar en casa; está el de los que trabajan por cuenta propia que pagan sus propios sueldos y hay un Panamá, grande, de personas que si no salen a la calle a vender en un semáforo, a empujar un carrito de raspao, no pueden llevar comida a su casa. Y aún así esos panameños también están resistiendo.

Lo que no podemos soportar es que un par de juega vivos estén viendo cómo se hacen con las ayudas que les corresponde a los que menos protección tienen, y que a esos se les pegue por protestar.

Tampoco vamos a tolerar a los que salivan por vender con sobreprecios al gobierno mascarillas y gel, ni a los que se lo permiten porque quieren su tajada. No queremos aguantar a los que se dan autobombo, a los que hablan de manera insensible sin conectar el cerebro con la boca ni a los que quieren ver cómo capitalizan políticamente esta crisis, prometiendo imposibles.

Eso molesta, eso duele, eso me pone brava.