sombritaperegrina1 - Los peregrinos bailan

Cuando me dijeron que en Santiago de Veraguas había ley seca por la Jornada Mundial de la Juventud, pregunté, ¿y si algún peregrino se quiere tomar una cerveza, con este calor sofocante, se le va a decir que no?

Los peregrinos que han venido a Panamá son humanos. Como nosotros, se ponen el pantalón una pierna a la vez. Y me imagino que algunos beben cerveza, pues la religión católica no lo restringe.

Igual cantan y bailan. ¡Sorpresa! Hay quienes se hacen los sorprendidos porque los muchachos ríen, cantan y bailan. Que se sepa, no venían con voto de silencio. ¿Quién -con la mano en el corazón- me puede decir que cantar y bailar es malo?
Sí, los hemos visto limpiando playas, visitando hogares de ancianos, compartiendo con niños, pero también intentando bailar un tamborito.

Esta semana el paisaje de la ciudad ha cambiado. No solo por el cierre de vías. Por todas partes vemos peregrinos. Es refrescante verlos en grupo, ondeando las banderas de sus países.

Me ha tocado verlos aquí en la avenida 12 de Octubre abarrotando el Pío Pío o Domino’s Pizza; iguan salen con los cartuchitos de supermercados El Rey.

Van acalorados, a veces medio extraviados, pero también satisfechos de cumplir un sueño. Venir a una actividad de estas requiere, para muchos, ahorrar bastante, hacer tómbolas y distintas actividades para pagar su pasaje. No, el pasaje no sale de los impuestos de los panameños, como algunos han dicho.

Los panameños que fueron a Cracovia o a Madrid también pagaron sus gastos.
Y no, no todos los peregrinos son jóvenes; los hay de mi edad y mayores.
Además de la alegría que han inyectado a la ciudad, nos están sacando lo mejor. Vi al señor que vende pan en el semáforo haciendo señas a los carros porque, ¡ojo!, van a pasar unos peregrinos.

Mi tía llamó a mi casa para preguntarle a mi mamá qué desayunan los brasileños; ella, en Tocumen, atenderá a unos peregrinos de ese país.

No importa si se ha dicho mil veces que solo necesitan un techo, todos los panameños que abrieron sus puertas van a ofrecer comida, cariño y auxilio. Así somos.

 

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