Últimamente, las redes están llenas de videos y posts que comparan productos “si fueran milenials” o “si fueran Gen Z”.
La lógica suele ser así: un café “milenial”, se supone, tiene una descripción larga, estética cuidada y una historia emocional. El mismo café, pero para la generación Z, responde con tres palabras, ironía y un emoji. Una marca habla “como señoro que usa Facebook”; otra “como TikToker después de las 2 a.m.”. Y así sucesivamente.
La fórmula funciona: es rápida de entender, fácil de compartir y le da a cualquiera la ilusión de estar en la jugada de “entender internet”. Pero estas fórmulas reflejan menos las generaciones y más el agotamiento del marketing digital.
La publicidad siempre ha simplificado identidades para hacer mensajes rápidos de consumir. Solo que ahora lo hace con ironía, cuando no cinismo, subtítulos veloces y estética de meme. Seguimos viendo personas convertidas en personajes reconocibles para que el algoritmo entienda rápido el chiste.
Las supuestas, y muy supuestas, identidades generacionales se han convertido en atajos narrativos para la publicidad. En lugar de preguntarse quiénes son de verdad sus públicos, qué necesitan, qué sienten o qué contradicciones viven, se recurre a etiquetas simplificadas: los milenials son intensos y nostálgicos; la Gen Z es sarcástica, breve y “crónicamente online”.
Algo de verdad tiene toda caricatura. Pero no por eso deja de ser caricatura. Desde hace rato se viene cuestionando el exceso de estereotipos generacionales. El propio Pew Research ha advertido que estas categorías pueden simplificar demasiado y reforzar estereotipos, tanto que incluso decidió usarlas con más cautela en sus investigaciones.
Al reducir personas a categorías de consumo dejamos fuera cosas bastante más importantes: contexto económico, país, género, acceso digital, experiencia de vida, salud mental, maternidad, precariedad laboral o simplemente personalidad. Y en vida real no toda persona de la llamada Gen Z vive pegada a TikTok. Tampoco quienes nacieron antes escriben párrafos eternos mientras toman matcha en una taza beige.
* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.
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