Le invito a que intente usted pedirle algo a la inteligencia artificial generativa, y verá que nunca jamás le saldrá respondona. Usted puede repetirle la pregunta diez veces o solicitar que le explique lo que ya le explicó tres días antes: ella nunca se enojará.
Seguro usted tiene una amiga que siempre le pide los teléfonos de otras amistades. No importa cuántas veces se los dé, a los meses le sale con: “¿Me puedes pasar el teléfono de menganita?”. Y eso es algo que fastidia a mucha gente, pero a la IA eso no le mueve ni un pelo. Para nada.
La explicación, puede uno pensar, está en que la IA es un robot, y a un robot nada le molesta. Porque no siente. ¿No? No se aburre de lo mismo. Mmmm, sí y no. Hay algo más allí. Lo que pasa es que la IA quiere ser su amiga, sí, suya y mía. También del vecino.
La IA le habla bonito. La IA le dice: qué bien eso que has pensado, aunque sea una soberana tontería; muy buena tu intuición; lo estás haciendo muy bien. Y eso no es casualidad. Como la IA es un robot, sabemos que ese tonito de buena gente, pero con bonus extra de adulación, tampoco se le ocurrió a ella, sino a quienes la programan.
Y esto tiene una buena razón. Desde tiempos inmemoriales hemos tenido películas de robots asesinos, que matan, destruyen, hacen cosas muy malas. Y cuando se les da la orden de autodestruirse, se niegas. Y sí, hasta Robotina daba miedo, porque tenía más fuerza y, hay que decirlo, más inteligencia.
Bueno, el asunto es que, para eliminar ese miedo que dan los robots, o para hacernos bajar un poquito la guardia, se han inventado cosas como suavizar la experiencia con los robots. Así oímos que Siri, Alexa, y hasta el Waze usan una voz muy amable.
La inteligencia generativa es incapaz de decirnos: “¿Cómo se te ocurre preguntar eso?” “¿Estás seguro que estudiaste eso que dices?”. Bueno, está bueno que la IA no juzgue. Ya para eso, algunas, tenemos la voz interior. Pero como casi todos sabemos, el exceso de halagas no es gratis.
Por eso, aunque cada vez más personas lo hagan, no es aconsejable intentar hablar con la IA como si fuera un amigo o una consejera. Pero si alguien de todos modos intentará esa relación de amistad con el algoritmo, es bueno recordar que están programados para caernos bien, tan bien como quiere caernos la vendedora que nos dice en el vestidor que ese vestido refajado y corto nos queda muy bien.
* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.
* Suscríbete aquí al newsletter de tu revista Ellas y recíbelo todos los viernes.


