23ago el sombrita 1 - La casa de los recuerdos

El lugar más feliz de mi infancia fue la casa de mi abuelita. Claro que sí. Allí pasábamos los veranos asoleándonos; llenando nuestras chancletas y dedos de tierra; quemándonos los pulgares al sacar una pepita de marañón caliente del fogón o rasgando nuestra ropa con alambres de púas, mientras huíamos de vacas verdaderas o imaginarias.

De esa casa me gustaba el rancho donde estaba el comedor; allí desayunábamos, en alboroto, tortillas de maíz y té de hierba de limón.

Había un porche donde colgaban dos hamacas. Una, siempre era del abuelito y la otra, nos la disputábamos los primos pequeños.

Los platos se fregaban afuera en un balde y frente a una pluma alta. Me gustaba el patio donde la abuelita regaba sus matas: papos, gallitos, chabelitas y hasta un galán de noche tenía.

Me fascinaba el área del fogón, aunque allí no podíamos ni acercarnos mientras saliera humo y algo se estuviera cocinando.

Tengo buenos recuerdos incluso de la tina de lavar ropa y del baño ubicado afuera con su cortina de plástico. Le daba sombra un palo de mamón. A pesar de que allí me salió una culebra. O yo le salí a ella.

El chiquero era inmenso. Nunca más vi uno así de grande. Tal vez porque nunca más he vuelto a tener siete años. Era la casa de las gallinas, pero como había un palo de ciruelas y de marañón también era nuestro patio.

Mi abuelita falleció hace 17 años. En su casa no habita nadie. La ultima vez que la visité pude darme cuenta de que aunque seguía en pie, la casa ya no estaba. Estaban mis recuerdos.

Esto puede sonar obvio, pero una casa solo tiene vida cuando alguien la habita. Si no hay alguien cuidándola, barriendo, sacudiendo el polvo, sembrando flores, prendiendo el fogón, ya no es casa.

Tarde nos damos cuenta de que nos aferramos a bienes materiales, pero lo que importan no son las paredes, el techo, ni la tierra (aunque hay gente capaz de matar por ella) lo que importa es la gente. Sin mis abuelos, esa propiedad no habría tenido el valor que tuvo para mí; el alma de la casa eran ellos.