26defebsombr00 - Hada, no te lo lleves

No estamos en tiempos de visitas, pero en  los últimos meses hemos dejado entrar en casa, varias veces,  al Hada de los dientes.

Entre los cinco y los seis años de edad los niños pierden sus dientes de leche. Mi hija demoró en dar señal de tener piezas flojas. Tanto así que un día nos llamó para decirnos que algo le molestaba en la boca y con asombro vimos que detrás de un diente se estaba asomando otro.
Por supuesto nos angustiamos.

¿Sería algún síndrome de dientes múltiples? ¿Sería que le iban a salir  en todo el cielo de la boca? No se ría. Si usted ha sido padre seguro sabrá como coge alas la imaginación hasta los escenarios más imposibles.

Confirmamos que aquellos miedos eran infundados, gracias a la dentista. Sencillamente era hora de que aparecieran las nuevas piezas dentales y habían decidido asomarse antes que los de leche se cayeran.

Cuando los dientes se aflojan llega la incomodidad —’me molesta’, ‘no puedo comer’, ‘me duele’—, pero también aparecen los recuerdos, ahora tiernos, de cómo nuestros propios padres se esforzaron por ayudarnos a extraerlos: con hilos de coser, con toallitas, con la recomendación de ‘muévelo con la lengua’.

Tanta nostalgia removió esa transición que hasta mi mamá encontró uno de los colmillos que yo perdí de niña. Espero guardar alguno de Gaby con tanto celo.

Tan pronto como se aflojó el primer diente de mi hija llegaron, por videollamadas, los comentarios de los familiares y amigos: “¿y qué te va a traer el Hada ?” o “guárdalo para el ratoncito”.

Con mucha ilusión nuestra hija hizo su cartita el día en que perdió su primera pieza: “Hada se me cayó un diente, ven a buscarlo y tráeme algo”.  Qué ternura. Pero al Hada  y al Ratoncito se le dificulta hacer el trabajo cuando sus ayudantes son padres despistados. Casi se nos olvida conseguir y poner bajo la almohada el regalito.

No sé como llegamos a la conclusión de que el Hada trae regalos y el Ratón pone dinero. Por acá pasó la primera dejando chocolates. Cuando la odontóloga se enteró no le hizo gracia. La pequeña paciente nos delató.

Un día antes de su última cita con la odontóloga,  Gaby perdió un incisivo de arriba. En la consulta vimos que tenía otro tan flojito, y causando tantas molestias, que era mejor extraérselo.

Al perder dos piezas en una misma semana mi hija concluyó: “uno será para el hada y el otro me lo voy a quedar”.