9ago el Sombrita 1 - Extranjera empollerada

La única razón por la que mi mamá nos inscribió en la escuela Sara Sotillo, en Puente del Rey y no en la Juan B. Sosa, de Panamá Viejo, que nos quedaba más cerca, fue la ilusión de vernos bailar en el supuesto conjunto típico que algún día tendría la escuela. Nunca hubo conjunto.

Estoy en una edad en que encuentro difícil no comparar el pasado con el presente. Y más difícil es que el pasado no salga ganando. Pero hace unos días, viendo a mi mamá tan contenta en el Día de los Abuelos y las Abuelas, tuve que aceptar que las escuelas de hoy tienen celebraciones y programas que envidio.

El Día de los Abuelos y las Abuelas se celebra el 26 de julio. Las maestras piden a los niños que traigan a sus abuelos a pasar un rato de aprendizaje y diversión, sobre todo con los niños más pequeños. Qué bien que se le dé su lugar a los mayores de la casa, más hoy, en que hasta hay quienes piensan que los niños saben más que los abuelos, y que los nietos ya no los necesitan. Oiga, los niños pueden aprender más rápido a usar un teléfono, pero la tecnología es solo una herramienta. Los niños siguen necesitando del amor, la experiencia y la guía de los adultos que los aman.

Otra celebración positiva es el Día de la Etnia Negra, el 30 de mayo, instaurado desde el año 2000. Todo mayo se dedica a mostrar el aporte de los negros a Panamá, que ha sido bastante. Los niños se visten alusivamente y comen cocadas, bon, pescao, plantintá y otras comidas afro. Sí, sé que se debería hacer más por visibilizar los problemas de las comunidades negras en Panamá, pero por algo se empieza.

Algo más: Gaby desde que está en maternal, tiene un faldón de zaraza, mientras los varoncitos llevan su sombrero pintao. Cada noviembre tienen presentación ¡ojue!
La única manera de que las tradiciones no se extingan es incentivarlas en los niños.

Pero además, las escuelas panameñas tienen niños extranjeros, y con qué entusiasmo he visto a los padres colombianos, venezolanos, peruanos, armar vestidos típicos. Averiguan y preguntan, se van a lo que queda de Salsipuedes, a Los Pueblos, o alguien les presta faldón, sombrero, cutarra, tembleques, etc. En ese afán revelan admiración por esta tierra que les acoge.

Esa admiración me resulta muy familiar. Mi mamá, que tanto quería vernos en un conjunto típico panameño, es brasileña.

 

 

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