15oct sombrita 00 - En esto soy buenaMe gusta hacer tests. ¿A alguien no? Hace unos años hice el que hoy se llama Clifton Strengths. Cuando vi los resultados me maravillé. Allí estaba yo retratada: me gusta aprender, pensar, relacionarme con las personas y me gusta resumir.

Pero enseguida me puse a ver todas las otras cosas en que no era buena. ¡Uf! Qué mortificación. Pero la persona experta en el test me hizo ver que los talentos que yo tengo son los que necesito y al usarse bien compensan lo demás. Eso me iluminó.

Todos tenemos talentos y somos muy buenos, buenas, en algo. Pero nuestra cultura no da importancia a descubrirlo. Y no me refiero a talentos para ganar plata —idea inculcada a los de mi generación—. Me refiero a habilidades que, al sacarles filo, nos dan satisfacción, nos permiten ganar un sustento, aportar al mundo y encontrar nuestro lugar en la vida.

En la escuela se valora a los talentosos, siempre que eso signifique hábil para español, matemáticas y, a veces, deportes. Se valora a los que aprenden de cierta forma, que pueden memorizar y acatar todas las órdenes.

Cuando tienes 16 o 17 años de edad ya te acostumbraste a ese sistema o te resignaste y entonces te preguntan: ¿sabes qué quieres hacer con tu vida? Es una pregunta difícil para la mayoría. Porque después de pasar tanto tiempo amoldándose a un sistema, aprendiendo a hacer las cosas como le gusta al profesor o según las normas de la escuela no ha habido espacio para autoconocerse.

Claro que uno debe aprender a seguir normas y ser funcional en una sociedad. Pero la escuela y la casa también deben ser ese espacio donde aprendamos a conocer qué nos hace diferente y saber que por eso podemos ser valorados. Ajá, dije valorado no criticado o “¡por qué no puedes ser como fulanito que siempre saca buenas notas!”.

Hace unos días fui invitada a conversar con un grupo de alumnos universitarios. Querían que les hablara de mi profesión. Ellos se están preparando para empezar la suya. Algunos, normal, tenían dudas sobre si estaban estudiando la carrera correcta.

Ante ese cuestionamiento, siempre invito a las personas a conocerse. Sí, saber qué les gusta, para qué son buenas, para qué la gente los busca. Si te preguntan siempre: ‘ayúdame con esto’. En eso eres bueno.

Pero también les invito a no temer y aprender a tomar decisiones, evaluando las consecuencias y siguiendo su intuición. Quizás eso que ahora estudien les va a complementar en ese camino que seguirán después.