Tardé años en darme cuenta por qué a veces, personas a las que había ayudado terminaban enojándose, pidiendo o exigiendo más, defraudándose de mi.
A través de la práctica del coaching, como coachee y como coach/mentora y terapeuta, fui descubriendo cómo hacerme responsable de lo que generaba, desde mi lugar, solo lo que puedo cambiar. Ya que no podemos cambiar a nadie más que a nosotras mismas.
Cuando lo ví de esa forma, me di cuenta que ya sea en mi trabajo como en mi vida, cuando veía el potencial de una persona, trataba de guiar y ayudar para que lograra todo. Una de mis frases desde que nací era: “puedo ser la mejor mano derecha de alguien”. Empoderando desde pequeña.
Ahora bien, a través de mi trabajo, quienes confiaron en mí y en lo que yo veía de ellos, lograban metas fascinantes, crecimiento y cosas que no se habían ni siquiera propuesto. Me decían: “hice esto por vos, por tu sugerencia”, yo respondía: “fuiste vos, no yo. Yo solo vi tu potencial.”
Creo que el secreto es que cuando confían en mí, confían en ellos.
¿Qué pasa con quienes se quedaron en el camino? ¿Qué pasa con quienes comenzaron y no pudieron continuar? Por las razones que sea… se enojaban conmigo. Cuando una persona se enojó porque no le salió algo, les era más fácil culpar que hacerse cargo.
Me pregunté: ¿Dónde es tu responsabilidad y dónde no? ¿Qué te está mostrando esta persona?
Me di cuenta que estaba en el triángulo dramático: como salvadora y luego como víctima. Me hacía preguntas como: ¿por qué me pasa esto? ¿Por qué me tratan así si lo hice desde un lugar altruista? ¡Quise ayudar!
Hoy le respondo a esa Paula, la que actuaba así: ¡porque nadie te pidió que te metas!
Me decía ayer una clienta, quien lidera personas en una compañía: “Pau, iba caminando por el local, cuando vi que una colaboradora le decía a un cliente que no había más stock de un producto, sin embargo, yo había visto algunos en otra góndola. Me metí, le dije al cliente que había, y la colaboradora se enojó conmigo.
Le dije: ¡claro! Es lógico, ella no pidió ayuda, el cliente tampoco a ti. ¡Te apuraste! Pensaste en el cliente, porque estás orientada al cliente, sin embargo tu rol de manager, es antes con las personas.
Ver el potencial en otros, puede hacernos cometer el error de querer controlar, cambiar o modificar.
Acompañar implica aceptar los ritmos del otro, incluso cuando vemos con claridad todo lo que podrían llegar a ser.
La próxima vez que sientas el impulso irreprimible de intervenir para solucionar la vida de alguien, vale la pena detenerse y preguntarse: ¿Te lo están pidiendo, o estás intentando salvar un potencial que no te pertenece?
¡Buen fin de semana!!

