En la cultura actual, hemos sido entrenadas para la supervivencia, no para el florecimiento. Desde una perspectiva evolutiva, nuestro cerebro está programado para detectar amenazas, anticipar riesgos y prepararse para el “peor escenario posible”. Esta tendencia, conocida como sesgo de negatividad, nos hace expertas en responder a la pregunta: ¿Qué pasa si todo sale mal?
Pero, ¿alguna vez te has detenido a considerar la pregunta inversa? ¿Qué sucede si sale todo bien?
Atreverse a esperar que pasen cosas buenas no es un acto de ingenuidad; es un acto de liderazgo personal y una estrategia de alta eficiencia biológica y espiritual. Cuando cambiamos el “espero que no pase nada malo” por el “espero que suceda lo mejor”, transformamos radicalmente nuestra química interna y nuestra capacidad de acción.
Desafiando la arquitectura del miedo
Nuestros pensamientos negativos actúan como un sistema de defensa que, a menudo, se vuelve contra nosotras. Al rumiar sobre el fracaso, el cuerpo entra en un estado de estrés crónico, liberando cortisol y bloqueando las áreas del cerebro responsables de la creatividad y la resolución de problemas.
Ir en contra de estos pensamientos no significa ignorar la realidad, sino ampliarla. Al preguntarnos “¿Y si sale bien?”, forzamos a nuestra mente a salir del túnel del miedo y entrar en el campo de las posibilidades.
Esta simple pregunta activa el Sistema de Activación Reticular (SAR), un filtro mental que empieza a buscar en el entorno oportunidades, recursos y aliados que antes eran invisibles para nosotros porque estábamos demasiado ocupados buscando peligros.
La tecnología de la expectativa
Esperar que pasen cosas buenas es una forma de “medicina interna”. Cuando visualizamos un resultado exitoso con convicción:
Reducimos la resistencia interna: El miedo paraliza; la esperanza moviliza. Si creemos que el éxito es posible, damos el primer paso con mayor firmeza.
Elevamos nuestra frecuencia: Al igual que en la autosanación, la expectativa positiva alinea nuestra energía. Nos volvemos imanes de situaciones coherentes con ese estado de bienestar.
Cambiamos nuestra narrativa: Dejamos de ser víctimas de la incertidumbre para convertirnos en arquitectos de nuestra realidad.
El arte de sostener la luz
Si sale todo bien, ¿qué harías? A veces, lo que realmente nos asusta no es el fracaso, sino el brillo del éxito y la responsabilidad que conlleva habitar nuestra propia grandeza. Esperar lo mejor requiere disciplina. Es una práctica diaria de limpiar los parásitos mentales que nos dicen que “no somos suficientes” o que “la felicidad es efímera”.
Al final del día, la realidad tiende a confirmarnos lo que ya creemos. Si caminas por la vida esperando el golpe, estarás en tensión constante. Si caminas esperando el milagro, tu cuerpo se relaja, tu mente se aclara y tu espíritu se abre.
¿Qué sucedería hoy en tu vida si te dieras el permiso de creer que todo saldrá mejor de lo que imaginas? El orden natural es el flujo, la expansión y el bienestar. Atrévete a esperarlo.
Si crees que estás en un loop de feedback negativo y te cuesta salir, solo escríbeme y juntas lo podemos trabajar.
¡Buen fin de semana!

