Existe una trampa silenciosa en la que caen miles de personas: vivir bajo la premisa de que su bienestar depende de una transformación ajena. “Cuando mi pareja madure, seré feliz”, “Cuando mis padres reconozcan su error, podré sanar”.
Sin embargo, la mirada sistémica nos revela una verdad incómoda pero liberadora: esperar que la gente cambie es, en realidad, seguir viviendo desde la herida.
El estado adulto vs. el niño interno
A menudo vemos a personas con éxito profesional, hijos y responsabilidades, pero que emocionalmente están detenidas. Operan desde el “estado niño/a activo”. Este estado no es una debilidad, sino una estrategia de supervivencia que fue vital en la infancia cuando dependíamos totalmente del cuidado ajeno.
El problema surge cuando esa estrategia se vuelve crónica en la vida adulta.
Vivir en la espera es una posición infantil sostenida en el tiempo. Es una suspensión de la propia vida, donde el presente se sacrifica en favor de una pregunta antigua que busca respuesta: “¿Ahora sí me van a ver? ¿Ahora sí me van a elegir?”.
Esta lealtad a la “esperanza de reparación” nos mantiene ligados a figuras primarias a través de un hilo invisible de dolor y justificación.
La parálisis de la esperanza
Desde las Constelaciones Familiares, se observa que cuando el movimiento hacia los padres quedó interrumpido por ausencia, rechazo o inmadurez emocional, el adulto resultante se queda mirando hacia atrás. Al hacerlo, su fuerza no está disponible para el presente.
Mientras delegas tu poder al cambio del otro, estableces una ecuación devastadora: tu felicidad es rehén de la voluntad ajena. Por eso, muchas personas no logran cerrar vínculos dañinos ni comprometerse con sus propios proyectos; internamente, todavía están esperando algo que no llegó.
Sanar es cambiar de lugar
Contrario a lo que se cree, sanar no es volverse frío o indiferente. Sanar es un cambio de lugar interno. Es dejar de habitar el espacio del niño que aguanta y se adapta para no ser abandonado, y comenzar a habitar el espacio del adulto que se hace cargo de sí mismo.
Cuando asumes tu lugar de adulta, dejas de mendigar amor donde no hay disponibilidad y dejas de negociar con aquello que te lastima. No es que dejes de necesitar vínculos, es que finalmente dejas de abandonarte a ti misma.
El Movimiento de salida: Un ejercicio sistémico
La sanación comienza con un acto de orden interno. Para salir de la espera, puedes realizar este ejercicio: Ponte de pie y siente el soporte del suelo. Visualiza detrás de ti a esas personas (padres, exparejas) de quienes has estado esperando algo. Sin juicio, diles internamente: “Lo que no recibí, dejo de pedírtelo. Dejo de esperar que cambies para estar bien”.
Luego, da un paso hacia adelante y afirma: “Hoy tomo mi lugar de adulta. Me hago cargo de mí”.
Este paso no es solo simbólico; es la decisión de recuperar tu poder. El camino hacia una vida plena y hacia vínculos conscientes empieza justamente cuando dejas de esperar.
Si sientes que este proceso te interpela, puedes contactarme para profundizar en un proceso personal de sanación ancestral o de coaching sistémico que ofrecen las herramientas sistémicas necesarias para soltar esas lealtades invisibles y reclamar tu lugar en la vida.


