La semana pasada exploramos una pregunta que parece simple, pero que tiene el poder de transformar nuestra biología: ¿Qué sucede si sale todo bien? Hablamos de la importancia de entrenar nuestra mente para esperar lo mejor, activando esa medicina interna que nos permite visualizar el éxito.

Sin embargo, para que la expectativa positiva no se quede en un mero deseo, necesita un guardián, una disciplina diaria que proteja nuestra energía. Ese guardián es el reto que inicié esta semana en mi grupo de meditación y redes sociales: #CeroQuejas.

La queja es, quizás, el hábito más corrosivo de nuestra cultura. Es una fuga de energía constante que actúa como un ancla, hundiéndonos en el victimismo y la inacción.

Cuando nos quejamos, estamos haciendo exactamente lo contrario a lo que propusimos la semana pasada: estamos entrenando al cerebro para buscar el error, el obstáculo y la carencia. Si esperar que pase algo bueno es una tecnología de expansión, la queja es un virus que bloquea el sistema.

Del pensamiento derrotista a la acción consciente

Pasar una semana con #CeroQuejas no significa ignorar los problemas o vivir en una positividad tóxica. Significa, fundamentalmente, cambiar nuestro foco. La queja es un pensamiento derrotista en voz alta; es una declaración de impotencia. Al decidir no quejarnos, obligamos a nuestra mente a buscar soluciones en lugar de culpables.

Cuando silenciamos la queja, sucede algo mágico en nuestra arquitectura mental: el espacio que antes ocupaba la negatividad es reclamado por la atención plena. En lugar de decir “qué mal clima hace”, nuestra mente empieza a procesar “¿qué puedo hacer de valioso con este día?”. Es ahí donde la expectativa positiva se convierte en acción consciente. Dejamos de ser observadores pasivos de nuestras desgracias para convertirnos en arquitectos de nuestra realidad.

Limpiar los parásitos mentales

Como mencionamos anteriormente, el Sistema de Activación Reticular (SAR) funciona como un filtro. Si tu narrativa diaria está llena de quejas, tu filtro solo te mostrará motivos para seguir quejándote. Es un loop de retroalimentación negativa que te mantiene en estado de supervivencia.

El reto #CeroQuejas es una limpieza profunda de esos “parásitos mentales”. Al principio, puede resultar incómodo, porque nos damos cuenta de cuánto de nuestra identidad y de nuestras conversaciones sociales dependen del lamento. Pero al sostener el silencio ante la frustración, permitimos que el cortisol baje y que la claridad mental suba.

El liderazgo de la propia vida

Liderar tu vida es, ante todo, un acto de coherencia. No podemos esperar que “todo salga bien” si pasamos el día decretando lo que está mal. La autosanación y el bienestar requieren un entorno interno limpio y ordenado.

Esta semana, te invito a observar tus palabras como si fueran semillas. Cada queja es una semilla de estancamiento; cada silencio consciente o cada palabra de gratitud es una semilla de flujo. Si la semana pasada nos permitimos soñar con que todo saliera bien, esta semana vamos a construir el terreno para que eso suceda.

¿Te sumas al reto? No te quejes del viento, ajusta las velas. La acción positiva y consciente empieza con la decisión de no dejar que la queja te robe el presente.

¡Buen camino hacia el bienestar!