Algo que veo como similitud entre los seres humanos, es el deseo de querer tener una vida mejor. Aspirar a tener mayores ingresos, una pareja más afín, mejor salud y oportunidades que nos permitan alcanzar nuestra “mejor versión”.

Sin embargo, existe una trampa invisible en esta búsqueda. A menudo, logramos el ascenso, encontramos a alguien nuevo o nos mudamos de ciudad, pero después de un breve alivio, la insatisfacción vuelve a aparecer.

¿Por qué sucede esto? Porque la mayoría de las personas cree que su infelicidad es puramente ambiental. Pensamos: “Si cambio de trabajo, me sentiré valorada” o “Si gano más, finalmente podré relajarme”. Pero la realidad es que cambiamos el escenario, mientras mantenemos la misma respuesta interna. Es el mismo guion con diferentes actores.

Perseguir el símbolo en vez de sanar la raíz

Uno de los puntos más reveladores es que, en el fondo, no buscamos “cosas”, sino estados emocionales. No quieres simplemente más dinero; buscas seguridad. No quieres solo una mejor pareja; buscas protección. No quieres éxito; buscas sentido de valor propio.

El problema comienza cuando perseguimos el símbolo (el dinero, el estatus, la relación) en lugar de sanar la raíz (la herida de abandono, el miedo a la escasez o la falta de autoestima). Los símbolos no pueden sanar el condicionamiento interno.

Por eso, cuando obtenemos lo que queríamos, el sentimiento de vacío regresa: porque el sentimiento nunca fue causado por la falta de objetos externos.

El bucle del condicionamiento interno

Nuestro sistema nervioso prioriza lo familiar sobre lo saludable. Estamos diseñados para buscar lo que reconocemos, aunque nos haga daño. Si creciste en un entorno de caos, tensión o distancia emocional, tu sistema interpretará situaciones nuevas a través de ese viejo cableado.

Es por esto que muchas personas dicen: “Siempre atraigo a la pareja equivocada” o “Siempre saboteo mis oportunidades”. No es mala suerte, ni es el destino o el karma de una forma mística. Es memoria de patrones psicológicos. Sin una reconfiguración interna, no escapas del bucle; simplemente lo “actualizas” a una versión más cara o sofisticada, pero con la misma carga de ansiedad e inseguridad.

El verdadero trabajo: La reconfiguración interna

Una vida mejor requiere, ante todo, un cambio interno. Si ignoras el trabajo de recalibrar tu identidad y tus creencias, el mundo exterior seguirá siendo un espejo de tus viejas heridas de la infancia y tus estrategias de supervivencia del pasado. Esas estrategias que alguna vez te protegieron, hoy son las que te limitan.

El “trabajo real” no es preguntarse “¿Qué logro sigue?”, sino cuestionarse: “¿Qué parte de mí sigue recreando la misma experiencia emocional una y otra vez?”.

Este camino requiere responsabilidad total. Exige observar tus detonantes, tu estilo de apego y tus creencias inconscientes sobre lo que mereces. La ambición es una herramienta excelente, pero sin la reacondicionamiento del sistema nervioso, solo te llevará a correr más rápido en la misma rueda de hámster. Para cambiar tu vida, primero debes cambiar la frecuencia desde la cual la vives. Solo entonces, lo “nuevo” será realmente nuevo.

Si te interesa abordar este tema, puedes sumarte a mis sesiones y lo vemos juntas.