16nov cafe XX 1001 - Un regalo que amé y otros que odié

Mi hijo mayor empezó a trabajar hace poco. Estoy tan orgullosa de él… Cuando le pagaron su primer salario estaba muy contento. Lo felicité y le dije: “¿Sabes eso qué significa? Que me puedes dar un buen regalo para el Día de la Madre. ¡Ve ahorrando!”. Porque sí, ¡llegó la hora de cosechar!

Quiero tomar un tiempo para explicarles que para mí los regalos son MUY importantes. Y no tiene nada que ver con su valor, objetivo o marca. Bien puede ser una revista o hasta chocolates. Cuando alguien se toma la molestia de buscar, escoger y comprarte algo, está diciendo que le importas, te conoce y te quiere consentir un poco. Para mí eso vale mucho porque me hace sentir apreciada.

He tenido la suerte de recibir buenos regalos en mi vida, algunos que son de colección, como el plástico turquesa que guinda de mi llavero. Saben, esos que venden en las ferreterías como a 25 centavos, disponibles en varios colores, con un papelito que se pone adentro para identificar de qué son las llaves que ahí porta. Solo que el mío no dice “Depósito # 1”, sino “Te amo, te adoro, te amo”, en una letra tierna y chueca. Esta adorable obra fue regalo del segundo de mis hijos (creativo desde la cuna), cuando recién aprendió a escribir. 14 años después lo sigo conservando con orgullo.

También me gustó cuando me regalaron una máquina de hacer café, pero eso no cuenta mucho porque fui yo quien les dijo: “Falta una semana para el Día de la Madre; no se les ocurra llegar con las manos vacías. Si necesitan ideas, les sugiero la Dolce Gusto Mini. Las venden en la Arrocha y por la compra de la máquina, les dan además 12 cajitas de café”. (Aclaración: esta es publicidad no pagada, pero no se emocionen. Esto oferta fue hace años; no sé si aún es válida).

Ahora voy con los peores regalos que me han dado mis hijos:

El perfume de mi mamá: Amo a mi mamá. Admiro su carácter, estilo y elegancia, pero NO quiero oler a ella, en especial cuando usa una fragancia tan distintiva, que cuando ha estado de visita en mi edificio y los niños llegan más tarde de la escuela, me dicen “el ascensor huele a grandma”. Así que no quiero ponerme Angel de Thierry Mugler, muchas gracias. Pero mis hijos no entienden eso y encima de todo, se ofendieron cuando me dispuse a llevar el perfume a cambiar. Ya pasaron cuatro años de eso y TODAVÍA me lo reprochan. La que debe reclamar soy yo; ¡no ellos!

Un ‘husky’ siberiano: Sí, ellos fueron capaces de pensar que me iba a gustar criar a cinco hijos Y un perro que crece del tamaño de un pequeño oso, y que además debe permanecer en espacios refrigerados. ¿Estos niños no han aprendido nada? El regalo es para MÍ; no para ellos. Si no me van a dar algo que me agrade, que tampoco me den algo que me disguste. Menos mal que ese Día de la Madre me fui de viaje después de haber almorzado con mis hijos, y cuando la ‘sorpresa’ llegó, yo ya me había ido. Me complace compartirles que el cachorro duró solo ocho horas en mi casa. Al parecer mis hijos no sabían que los perros no nacen entrenados. Después de limpiar el tercer charco en su cuarto y no poder dormir con sus aullidos, llamaron al señor que se los vendió en Encuentra24 para que volviera por él.

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