B046F09F 5D78 4F7B 90AF E8CFB7F98492 - Mi nuevo radioescucha

“¡Hola a todos! Mi nombre es Sarita Esses y esto es Café con Teclas en la Radio, una porción de cafeína y buenas vibras para empezar bien la semana”. Esa soy yo, cada lunes, dando la bienvenida a quienes sintonizan mi programa radial.

No sé si se acuerdan, pero en una columna, hace tiempo, les hablé de la primera vez que me invitaron a hablar en la radio. Les conté que fui con taquicardia, temiendo quedarme muda, o peor, empezar a tartamudear. Pero al final me gustó tanto, que casi me apagan el micrófono para silenciarme.

Desde ese día, me quedó el gustito por sentarme en una cabina, detrás del micrófono. Años después, en la reunión de fin de año que hacemos Las Guapas (ojo, que el nombre de ese grupo no lo escogí yo), le dije a mi amiga Maru (quien está súper bien conectada) que si no conocía a alguien en la radio que quisiera invitarme a hablar hierba seca en su programa. Lo próximo que sé es que, en una reunión posterior con la emisora, me preguntaron que para qué quiero ser una invitada, si hablo de tantas cosas que puedo tener mi propio espacio.

Un curso de locución y una pandemia más tarde, me pueden encontrar todos los lunes a la 1:00 p.m. en Rock N’Pop 106.5, lugar donde he estado desde noviembre. ¡Y qué divertido ha sido!

Ya superé la etapa de no poder dormir la noche anterior, de sentir que necesito un tranquilizante, de pelear con el Zoom para hacer las entrevistas, y saltarme las menciones.

Me parece que el programa ha sido exitoso, y poco a poco se han ido sumando nuevos radioescuchas, aunque claro, no hay ninguno como el que menciono a continuación.

Hace unas semanas regresé a mi casa, luego de concluida la transmisión. Gabriel sale a recibirme y me dice, “Ma, ¡te quedó muy bueno el programa de hoy!”. Me sorprendí de que él dijera eso. Algo no me cuajaba, pero distraída entre la alegría de que me hubiera escuchado y que le gustó el programa, ignoré la vocecita de alerta.

La semana siguiente descubrí por qué. “Ma, ¿hoy puedo escuchar de nuevo tu programa?”, preguntó. Le contesté que por supuesto, y ahí se develó la trama “Ok, entonces no me voy a conectar a mi clase de la 1:00”. Inserten acá el emoji de los ojos pelados.

“Gabrieeeeel”, le advertí, estirando su nombre lo más posible, así como para efecto, “¿Tú te pones a oír mi programa solo para pavearte?”. “Claro que no”, contestó. “Es muy bueno, y tengo que escucharlo, porque es el programa de mi mamá”.

Se imaginarán mi estupefacción, porque durante los meses de vacaciones yo también era su mamá, y ni recordándole me sintonizaba…

No sé ni por qué me sorprendo con sus artimañas. Este es el mismo niño a quien animé el primer día de clases diciéndole, “Mi amor, ¡este es tu año para brillar! Si te esfuerzas, te irá excelente”. Unos días después, me pidió permiso para dormir tarde una noche, y cuando le dije que no, porque no se iba a poder levantar a la mañana siguiente, me contestó: “Ma, me voy a levantar, ¡no te preocupes! Este año voy a brillar tanto, que el sol va a parecer un punto negro a mi lado”.

Por cosas como esta es que siempre se sale con la suya.