Soy del interior y desde el 14 de marzo empezó mis miedos.

Se rumoraba un caso Covid en el pueblo, justamente en el hospital donde daría a luz a mi primogénito. Yo había estado en el hospital días anteriores por exámenes y controles. Me sentí extraña en un hospital vacío, enfermeras con mucho miedo; solo se escuchaba rumores pero nada concreto, con controles de limpieza, mascarillas, habían lugares cerrados con cinta amarillas y nos decían que debíamos lavar la ropa y zapatos al llegar a casa.

El 17 de marzo cierran el hospital con cerco sanitario, todos encerrados en el hospital. Yo, con 40 semanas, tomé mi auto desde mi casa y salí al pueblo de mi mamá. Mis tías, preocupadas, me enviaron al hospital porque ya estaba a tiempo de dar a luz. Fui rechazada al ver que el 16 de marzo estuve en un hospital contaminado por Covid -sí, discriminación-, no me ingresaron, tenía 40 semanas y cuatro días. La joven doctora para “limpiarse” me dijo que debía tener 40 semanas con cinco días y que fuera a Santiago. Llamé a mi pediatra y me dijo que fuera a Santiago (ese mismo día se dio el primer caso positivo Covid en ese hospital donde fui rechazada y no era yo).

Salí de ahí directo al hospital de Santiago de Veraguas y me dijeron que por causa de la pandemia debía estar en casa hasta las 41 semanas de gestación. Todo esto un 20 de marzo y sin dar a luz. El 22 de marzo fui ingresada en el hospital de Santiago, personas muy amables, muchas mujeres embarazadas. Me preguntaron muchas veces si tenía síntomas pero nunca los tuve. El 23 de marzo nació mi bebé, no pude tocarlo, solo verlo a 2 metros, fui cesárea por más que se intentó el parto inducido.

El 25 de marzo se decreta cuarentena total, me dan salida del hospital. Fue una experiencia extraña, difícil, no imaginé pasar esto. Hoy, 14 de agosto, ninguno de los dos tenemos Covid, mi hijo está saludable y nos cuidamos mucho.

* La autora escribió esta experiencia el 14 de agosto. Se publicó en Ellas.pa el 27 de agosto.