Ana María Guerra empezó a practicar natación como parte de su proceso para volver a caminar. Vive con movilidad reducida debido a una lesión medular incompleta (fractura C4-C5), que le provoca espasticidad muscular.

Años después fue invitada a una competencia de aguas abiertas. Participó sin saber exactamente a qué se enfrentaba, según explicó. “Me impulso a retarme a mi misma. Fijar una meta que podía parecer imposible y demostrarme que los límites muchas veces están en mi cabeza”.

En 2014, realizó su primera competencia en el mar y no fue hasta 2021 que volvió a participar en otra, pero desde entonces no se ha detenido: ha completado dos vueltas al Causeway, tres Oceanman Panamá, donde obtuvo medalla de bronce y oro en su categoría, realizó el cruce a Isla Iguana y la ruta La Guaira–Isla Grande.

El reto de nadar desde Veracruz hasta la isla de Taboga lo hizo con un propósito. “Quise nadar a Taboga para visibilizar el poder de la resiliencia, abrir caminos hacia la inclusión y demostrar que soñar en grande es posible” aseveró.

Ana María hizo historia al convertirse en la primera mujer con discapacidad en completar la travesía de 11 kilómetros en aguas abiertas entre Veracruz y Taboga. La atleta explicó que tenía un tiempo límite de seis horas para realizar el recorrido y lo logró en 4 horas con 23 minutos.