La actriz y empresaria panameña Patricia de León habla con franqueza sobre los desafíos de emigrar sola a Estados Unidos, abrirse camino en una industria ferozmente competitiva y convivir durante años con la sensación de no pertenecer del todo a ningún lugar. Con más de dos décadas de carrera en cine y televisión, hoy reflexiona no solo sobre los obstáculos que ha enfrentado como actriz latina en Hollywood, sino también sobre el papel más transformador de su vida: el de ser mamá.

Llegar a Estados Unidos fue, para Patricia, un salto al vacío. “Todos los retos que te puedas imaginar”, resume. No tener número de seguro social significaba, en la práctica, no existir: no podía comprar un carro, manejar legalmente ni abrir una cuenta bancaria. A eso se sumaba el dolor de dejar atrás a su madre, sus amigos, su país, su idioma y su comida. Llegó “con una mano adelante y otra atrás”, mucha inocencia y una determinación clara: si se quedaba, sería para triunfar.

Ese desarraigo nunca desapareció del todo. Patricia confiesa que siempre ha sentido que le falta algo. En Estados Unidos no termina de pertenecer, pero cuando regresa a Panamá también todo es distinto y necesita tiempo para reconocerse de nuevo en lo que llama su verdadera casa. Las despedidas duelen cada vez, marcadas por el miedo de no volver a ver a quienes ama. “Llegas a sentir que no perteneces a ninguna parte”, dice, con una honestidad que atraviesa toda la conversación.

Abrirse camino en la industria del cine y la televisión no fue más fácil. Patricia describe un entorno “extremadamente competitivo”, lleno de etiquetas y contradicciones: demasiado acento, no lo suficientemente “étnica”, muy alta, muy joven o muy mayor, incluso “muy bonita”. Hace 26 años, no dominar el inglés al cien por ciento fue una clara desventaja. Por eso, hoy aconseja a las nuevas generaciones prepararse a fondo. “Esto es como cualquier carrera importante, con la diferencia de que, aun siendo muy bueno, si no eres lo que buscan física o esencialmente, no te eligen”.

Patricia de León: un nuevo rol, la misma fuerza

Foto: Revista Agenda

A ese panorama se suma la incertidumbre actual de la industria: la crisis en las producciones, el impacto de las plataformas de streaming, la falta de protección en los contratos y la irrupción de la inteligencia artificial. Todo, señala, se ve afectado también por la inestabilidad política y económica.

Aun así, Patricia es clara cuando habla a las jóvenes actrices latinas que sueñan con una carrera internacional: sí es posible, pero exige preparación, paciencia, perseverancia, enfoque y “ponerle el 150%”. Reconoce avances importantes en la representación latina: ya no se limitan a papeles estereotipados como la niñera o la empleada doméstica. Sin embargo, insiste en que siguen siendo insuficientes, especialmente considerando el peso demográfico y cultural de la comunidad latina en Estados Unidos.

La maternidad marcó un antes y un después en su vida. Convertirse en mamá, a finales de sus cuarenta, la transformó por completo. La mujer independiente que podía subirse a un avión de un día para otro dejó paso a alguien cuyas prioridades giran en torno a su hijo. Habla sin filtros de una depresión postparto profunda que duró casi dos años, del miedo a salir de casa o manejar con él, y de la sensación de haber perdido su identidad como mujer. Fue un shock fuerte, agravado por un embarazo difícil y un proceso hormonal intenso. Hoy, con perspectiva, lo define como “el proyecto más deseado” de su vida y se siente profundamente agradecida.

Esa experiencia también la ha cambiado como actriz. Siente que su trabajo es ahora más “grounded y raw”, algo que nota en el set y al verse en pantalla. Profesionalmente, la maternidad la obliga a reorganizarlo todo: su hijo está primero en cada decisión. Con rodajes fuera de Los Ángeles, ha aprendido a adaptarse, incluso llevándolo al set para que crezca entendiendo el valor del trabajo y la pasión por lo que se hace.

Patricia de León: un nuevo rol, la misma fuerza

Foto: Revista Agenda

En casa, Patricia busca transmitir valores esenciales: respeto, empatía, amor y humildad. Enseña a su hijo a cuidar la naturaleza y a respetar a los animales, integrando a sus perros, Gunner y Rosie, como parte de la familia. También se esfuerza por mantener viva la conexión con sus raíces, hablándole en español y fomentando el vínculo con su abuela, aunque sea a través de videollamadas.

Esa sensibilidad se refleja también en PDL, su marca, que describe como lo más difícil que ha hecho hasta ahora. Empezó en plena pandemia, enfrentando rechazos, tropiezos y un mercado dominado por grandes marcas y estructuras tradicionales. Su objetivo fue crear productos pensados para la mujer panameña, con fórmulas limpias, veganas, libres de crueldad animal y respetuosas con el planeta. Aunque el camino ha sido duro, mantiene la esperanza de que se abran más espacios para apoyar a mujeres emprendedoras en su país.

Su activismo por los derechos de los animales nació desde la experiencia personal y el descubrimiento temprano del impacto del consumo de carne en su salud. Cree firmemente en la necesidad de leyes más severas contra el maltrato animal y en educar a los niños en el respeto por toda forma de vida.

Mirando al futuro, Patricia de León habla de crecer: como ser humano, como madre, como actriz y como empresaria. Su historia es la de una mujer que no ha dejado de luchar, reinventarse y avanzar, incluso cuando el camino ha estado marcado por la duda, el sacrificio y la sensación de no pertenecer. Una historia de resiliencia que hoy se escribe desde un nuevo rol, sin perder el ímpetu que la ha definido desde el inicio.