memorias1000 - Memorias de cuarentena
Y si aprovechamos este tiempo.

¿Quién lo diría? Se aproxima mi cumpleaños número 51. Los 50, los celebré como me gusta: en casa y rodeada de mucha gente, mucha música, mucho baile, ¡pero sobre todo con cercanía y abrazos! Me pregunto si esos tiempos volverán.

Jamás habría imaginado una situación como la que vivimos, no solo nosotros, sino el mundo entero, vernos obligados a paralizar nuestras actividades, nuestra rutina, ese corre corre de todos los días en el que estábamos sumergidos.

Creo que ha sido el frenazo más grande de la historia. Lo digo porque nunca antes habíamos ido tan rápido. Todos los días corriendo de la casa al trabajo, al gimnasio, a la reunión, a la escuela de los niños, en fin, a tantas actividades; siempre conectados y siempre afirmando: “el tiempo no me alcanza”.

¿Será que esto tenía que pasar? ¿Que necesitábamos que el universo conspirara para hacernos frenar y así darle un respiro al mundo? Un respiro de la contaminación del mar y del aire; de la deforestación; de la caza indiscriminada, en fin de tantas cosas que sabíamos que le afectaban, pero no se lograban medidas efectivas para corregirlo porque requería, precisamente, poner un freno a muchas industrias con un gran peso económico.

Creo que nada ocurre por casualidad, todo tiene una razón de ser y hay un plan divino detrás, tanto buenas como malas, que nos ocurren. Cuando lo que ocurre es malo, solemos lamentarnos y pensar: ¿por qué a mí?

No es fácil, para muchas personas, visualizar en medio de la incertidumbre y de la ansiedad que esta situación genera, un panorama alentador. No obstante, debemos empezar a desarrollar la costumbre de agradecer nuestras bendiciones. Siempre vamos a encontrar motivos para agradecer: salud, familia, amigos, comida; y no atormentarnos por las cosas que no podemos controlar. Sí podemos poner nuestras preocupaciones en manos de Dios y su plan divino para nosotros.

Tenemos literalmente que soltar y ocupar nuestra mente en eso que quizás siempre quisimos hacer pero la frase ‘no me alcanza el tiempo’ se interponía. Qué tal aprovechar este tiempo para aprender un idioma, para leer, para pintar, para escribir, para meditar, para reflexionar sobre nuestras prioridades. Para disfrutar a nuestros hijos, desayunar, almorzar y cenar en familia, hacer ejercicios, jardinería, ver conferencias en línea, trabajar; en fin las opciones son múltiples.

Como todas las crisis y situaciones de la vida, esta también pasará, será un recuerdo del cual todos hablaremos, ojalá tengamos cosas buenas que rememorar.
Yo, por ejemplo, recordaré ésta como la Semana Santa más espiritual y enfocada de mi vida; si bien no pudimos ir a las iglesias, muchos hicimos nuestros pequeños altares en casa. La Iglesia doméstica hecha realidad en cada familia, en cada hogar.

Participamos con fervor y atención en las celebraciones de cada día de la semana mayor, no solo las locales con monseñor Ulloa, sino las del Vaticano presididas por nuestro querido papa Francisco.

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“Muchos hicimos nuestros pequeños altares en casa. La Iglesia doméstica hecha realidad en cada hogar”.

¿Cuántos de nosotros repartíamos el tiempo de la semana mayor entre iglesia y vacaciones? Para algunos, aún siendo católicos, la Semana Santa era sinónimo de días libres y asueto, sin embargo, me atrevo a afirmar que esta vez tuvimos la oportunidad de enfocamos en su verdadero significado y vivirla desde nuestras casas, en familia, con mayor fervor y fé.

Ojalá no sea necesaria una nueva pandemia para que permanezca en nosotros ese deseo de acercarnos a Dios y ponernos en sus manos. Es importante volcarnos hacia Dios no solo para pedirle sino también para agradecerle.

Que este tiempo nos permita volver a valorar y disfrutar de las pequeñas cosas: la lluvia, el viento, las flores y todas las bendiciones que él nos regala, pero que en nuestro eterno ‘corre corre’ dejamos de disfrutar y agradecer.