mamas  854x1024 - 'Lo acepto con todo y mientras él sea feliz, también lo soy', madres de personas LGBTI cuentan su historia

Las mamás de chicos y chicas LGBTI de Panamá son iguales a otra mamás. Su única particularidad es que tienen que ser doblemente resilientes para luchar, no solo contra la discriminación de la que sus hijos e hijas son víctimas, sino también contra ellas mismas, contra sus propios prejuicios, sus propias familias y contra la culpa de no haberles podido heredar un mundo más justo y empático.

Estas mamás abren su corazón para contar cómo fue que salieron del clóset junto a sus hijos LGBTI y cómo, día a día, lo dan todo para que ellos y ellas puedan ser felices.

MIRIAM SÁNCHEZ

Ingeniera, jubilada. Dos hijos.

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“Nunca se me va a olvidar. Fue un 17 de mayo, día de mi cumpleaños y día internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Mi hija Pau me confesó que le gustaban las mujeres.

Para mi fue un golpe. Soy muy católica. Fui criada con muchos tabúes. No me dejaban ni salir al portal. Yo del mundo no sabía nada. El tema de la homosexualidad me era desconocido. Yo solo sabía que era algo “malo”. Claro, a los amigos gay de Pau yo los recibía con alegría en mi casa. Pero es distinto cuando te pasa a ti.

De rodillas, Pau me pidió perdón. Me dijo que sabía que esto era difícil para mí y que no quería herirme. Y mi primera reacción -no me lo voy a perdonar nunca- fue decirle que quizás estaba confundida, que no podía ser. Y me escondí en un walking closet grande que tenía. Mientras, mi hija, simbólicamente salía del suyo.

Yo no paraba de llorar y de culparme. Le preguntaba a Dios qué había hecho mal, en qué me había equivocado. Lloraba por mí, por mi ignorancia e ingenuidad, por todas esas veces que obligué a Pau a jugar con muñecas, cuando lo que quería era una pista de carros. Llamé a mi mejor amiga y ella me animó: ‘Miriam sal de ahí, abraza a tu hija y dile que la amas’. Y eso mismo hice”.

Le tomó tres meses asumir la noticia y aceptar la nueva situación. Miriam se dedicó a estudiar y documentarse bien y comenzó a participar en grupos de apoyo como el que ella hoy dirige: PFLAG Panamá, asociación de Padres de Familia, Familiares y Amigos por la diversidad.

Años después de superar ese primer tsunami, Miriam tuvo que enfrentar un nuevo desafío: Pau había descubierto que se identificaba, no como mujer, sino como varón y haría la transición física: “‘¡Otro cambio!’, pensé y este fue más fuerte para mi, porque yo ya sabía lo que los hombres y mujeres trans tienen que enfrentar diariamente: más prejuicios, más peligros”.

Pero junto a su otra hija y al padre de Pau le dieron su completo apoyo: “Lo único que le exigí fue que fuera feliz. Antes de su transición él era apagado, miedoso, tímido.

Ahora es como si hubiera salido de un capullo y haya dicho ‘¡Este soy yo!’.

Y Miriam se llena de orgullo y brilla. “En este proceso él y yo hemos renacido. Una como madre se despoja de todos sus prejuicios y miedos, de todo lo que aprendiste, de todo lo que te hicieron creer, para poder acoger a tu bebé -¡siempre va a ser tu bebé!- con todo el amor posible. Durante 9 meses lo alimentaste, lo protegiste contra todo y todos. ¿Quién más que su madre, para protegerlos y apoyarlos cuando desnudan su corazón y su verdadera naturaleza frente al mundo?”.

 

MARIELBA VELANDIA

Bióloga, máster en nutrición, educadora. Mamá de 3.

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“Enterarme de que a mi hija Mariela le gustaban las mujeres y no los hombres fue un poco traumático, porque no lo supe por ella. Me lo dijo, por teléfono, el papá de una muchacha con la que ella estaba medio de novia. El papá de la chica me llamó muy enojado, exigiendo que mi hija se alejara de la suya. Luego, el señor pasó a los insultos y eso sí que no lo iba a permitir. Mi hija siempre ha sido una muchacha buena, alegre y simpática. Ahí quedó la conversación. No me escandalizó la noticia. Yo, en general, siempre he sido muy abierta con las elecciones y decisiones de mis hijos, en todo sentido, pero honestamente me imaginé que lo de Mariela era una etapa, parte de su autodescubrimiento sexual…

Y si bien la acepté inmediatamente y en casa todo se vivió como si nada hubiera pasado, la verdad es que no se hablaba del tema. Mariela podía traer a sus amigas y nadie la iba a discriminar. Pero no se hablaba el tema. Había una especie de negación de parte mía. En el fondo, yo no quería que las cosas cambiaran. La apoyaba, como siempre. Y la acompañaba a mi manera. Pero confieso que sí me sentí algo desilusionada. Ella es mi única niña, la menor de mis tres hijos. La princesa con la que yo hacía todo. Y yo tenía ciertas ideas, como es natural, de cómo iba a ser su futuro. Ya no iba a verla casándose y ya no me iba a poder dar nietos, que es con lo que una mamá normalmente fantasea. Pero incluso, aceptar que mis expectativas tenían que modificarse un poco, no fue lo más difícil. Lo realmente complicado para mí fue enfrentarme a ‘el qué dirán’ y atreverme a contárselo a la familia y a mis amigos.

‘Salir del armario’ me tomó mucho tiempo. Me daba miedo.

La primera reacción de mi esposo fue mandar a nuestra hija al psicólogo. Es muy normal creer que esto es algo que se puede corregir. Yo accedí porque tampoco estaba muy segura de cómo proceder, pero sí me preocupé de buscar a alguien que tuviera experiencia con adolescentes en estas situaciones. Hoy lamento haber tomado esa decisión, porque hirió profundamente a mi hija. Era como decirle que ella tenía algo malo, cuando no era así. Sin embargo, a Mariela le sirvió muchísimo ir a terapia porque ahí podía desahogarse, abrir su corazón con confianza y ser ella misma.

Me hubiera gustado poder decirle que ella era una niña maravillosa y que juntas hubiésemos compartido todo lo que le estaba pasando. Pero hoy estamos más unidas que nunca. Y compartimos más y podemos conversar de todo. Y eso me hace sentir muy feliz”.

 

DORIS SÁNCHEZ

Secretaria en un bufete de abogados, a punto de jubilarse. Madre de dos chicas y un chico.

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Su ilusión, ahorita mismo, es terminar de construir su casa en La Ermita para que sus 3 hijos y sus cuatro nietos la puedan visitar allá. Sus jefes lamentan mucho que los deje, porque ella les maneja la vida entera. Pero Doris quiere retirarse y disfrutar de su jubilación y su familia, de la que no para de hablar. Son todo para ella.

Esa mañana, su nieto de 8 años le había dicho: “Amo a mi tío Ángel y él para mí es una persona importante y, aunque a veces me regañe, creo que lo hace por mi bien”.
Doris se emociona. Adora a su único hijo varón: “Lo acepto con todo y mientras él sea feliz, también lo soy. Él es la persona más cariñosa del mundo. Es un pelao’ trabajador, esforzado y muy bueno. En su trabajo le va muy bien, lo quieren y respetan mucho. No podría estar más orgullosa. Lo que me cuesta aún es dejar ir las expectativas”, reconoce.

Doris es una persona muy religiosa, muy creyente y muchas de sus decisiones las toma después de consultar no con uno, sino con varios sacerdotes de su confianza. Así tomó la decisión de separarse de su marido: “Como papá era excelente, pero algo distante”. Doris necesita que la gente que la rodea apoye y esté comprometida 100%. Ella es la que moviliza a toda la familia para que asistan a las actividades relacionadas con la comunidad LGBTI.

Y si bien a Doris no le importa lo que digan los demás, el apoyo de su familia le es fundamental: “Un día le escribí a mis hermanos en el chat: ‘Yo amo a mi hijo a pesar de todo. Porque es mi hijo y es muy bueno. Y mis hermanos me contestaron: ‘¿Por qué dices que a ‘pesar de todo’ si él es y siempre ha sido bueno y todos lo amamos?’. ¡Yo me sentí tan feliz! Eso me ha ayudado a mí:la certeza de que la gente que quiero lo aman y lo admiran y que él puede tener la vida que yo anhelaba para él.

Siento que Dios me ha hecho volverme valiente. Necesito ser valiente”. Doris sabe que Ángel lo ha pasado mal. Que el rechazo y la discriminación le han hecho vivir muy malos ratos, pero dice que su hijo siempre ha tenido una actitud muy sana y positiva. Seguramente heredada de ella misma.

Lo único que lamenta, confiesa, es no haberle dado a su hijo la confianza de contarle antes lo que sentía y por lo que le estaba pasando: “Que él haya esperado hasta los 17 años para decírmelo… lamento no haberlo notado antes (llora). ¡¿Por qué no me di cuenta?! No puedo con la culpa de no haber estado ahí para él para decirle: ‘Aquí estoy yo y cuentas conmigo.

Quizá eso es lo que me hace llorar. Pero hoy él sabe que lo amo con todo mi corazón por siempre. Y lo defenderé ante todo”.

 

IRENE BERMÚDEZ

Educadora y actriz. Mamá de dos.

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Irene no podía ver sufrir más a su hijo OJ. Sentía que lo estaba perdiendo. Él estaba profundamente deprimido y ella temía que se iba a morir si no hacía algo.

Esta joven madre, educadora y actriz ya había agotado todos los recursos, había buscado toda la ayuda posible. Sin éxito. Tenía que sacar a su hijo de Panamá. Su país lo estaba matando por ser una persona transgénero neutral. Eso quiere decir que, si bien al nacer fue clasificado bajo un sexo biológico determinado, OJ hoy en día, a sus 14 años, no se identifica a sí mismo ni como hombre o mujer. En español, OJ prefiere utilizar pronombres masculinos para referirse a sí mismo, pero en inglés, por ejemplo, utiliza pronombres neutros. “Eso para la mayoría es muy confuso y lo confuso tiende a generar rechazo”, explica Irene.

OJ iba a terminar suicidándose”, asegura. “Las estadísticas muestran que en esa comunidad la tasa de suicidios es la más alta y que se debe, mayoritariamente, a entornos hostiles y a maltrato constante al que se ven enfrentados por su condición. No se sienten mal por ser lo que son, si no por cómo los tratan”, explica Irene. Y en Panamá, agrega, “la discriminación y la violencia es desgarradora porque está muy normalizada. Incluso mi propia familia no lo respetaba”, cuenta.

Mamás como ella luchan con todas sus fuerzas para sacarlos adelante: “Lo único que te importa es que tu hijo viva”. La frase ‘Lo quiero conmigo. Lo quiero vivo’ se repite constantemente entre las madres y padres de personas LGBTI.

“Se me agotaban las posibilidades, el tiempo y la energía. Teníamos la opción de que se fuera a vivir con su papá a Estados Unidos, pero a mi me tenía devastada la idea de separarme de mi hijo y tenerlo lejos”. Irene encontró un puesto para educadores en Noruega, aplicó y se lo ganó. Dos semanas después se mudaban a Europa con toda su vida en una maleta. “Lo dejamos todo”, dice y viven allá desde hace 10 meses. Su hijo OJ disfruta su vida como cualquier adolescente: “Tiene amigos, va a la escuela, sale a pasear, está tan feliz”, comenta esperanzada.

“Miro para atrás y me pregunto cómo lo hice. Yo era un fantasma. Estaba exhausta. Preocupada por la seguridad de mi hijo y por su educación, por su hermana Amelia. Viendo cómo pagar las cuentas y las terapias. Además, conducía una investigación respaldada por el SENACYT, apoyaba a la asociación PFLAG y a Hombres Trans ¡y me tenía que ocupar de la casa!. Si yo no daba más, imagínate OJ. Pero hoy, saber que él tiene un futuro y ver a mis dos hijos creciendo felices vale la pena, lo vale todo”.

Ahora lo único que agobia a esta familia caribeña es el frío de Noruega.

 

ARIANN YANIS

Productora de espectáculos y madre de tres varones.

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Ariann ha sabido tomarse la vida con humor, algo que le ha transmitido a sus tres hijos varones a quienes apoya y acompaña, literalmente, en todas sus aventuras y actividades.

Su mundo siempre ha estado relacionado, de alguna u otra manera, a la comunidad LGBTI. Su hijo mayor es gay y también su segundo hijo. A ambos les gustan otros chicos, pero este descubrimiento no la afectó en lo absoluto.

Ella explica: “Mi hijo mayor es un chico que se viste como chico y al que le gustan los chicos. Con él, que es fotógrafo y experto en mercadeo, me apoyo en eventos y en actividades de promoción cuando es necesario. Mi segundo hijo es transformista: Su trabajo y pasión consiste en representar personajes, una fantasía, alguna artista, cantante o actriz y hace un show de ese personaje”. Ariann no solo lo ayuda a elegir su vestuario y lo aconseja en sus puestas en escena. Ella misma ha actuado sobre el escenario como transformista. Y a su hijo menor, que es beisbolista, lo lleva a todos los campeonatos y no se pierde una sola práctica.

La familia de Ariann, asegura ella, es una familia muy unida: “Todos se involucran y opinan y ayudan al otro, incluyendo al abuelo, con quien vivimos y de quien heredaron el perfeccionismo y la exigencia de hacer todo bien”, cuenta esta madre con orgullo.

Aunque hace ya varios años que no está con el padre de sus hijos, tiene una relación cordial con él. “Le agradezco los hijos que me dio y él se siente orgulloso de ellos”, asegura.

Ariann ha acompañado a sus hijos en todos sus procesos, decisiones y elecciones: “Lo único que les exijo (a los tres) en todo lo que emprendan es que mantengan su integridad, que sean buenas personas, considerados y honestos. Que hagan las cosas bien. Los tres se quieren y se respetan. Ese es mi gran triunfo”.

Su receta ha sido dejarlos ser felices. “Yo tuve esa libertad y cuando me estrellé, mis papás estuvieron ahí para ayudarme y eso he tratado de transmitirles. Y creo que lo he logrado, porque cuando sienten que el mundo se les viene encima, saben que ahí estoy y estaré siempre que Dios y la Virgen me lo permitan”.

“Un vez le dije a mi hijo: ‘Yo a usted lo quiero como es. Sin ataduras, sin prejuicios. Me importas tú, porque eres mi hijo, porque vienes de mí’. El día que me entregaron a ese bebé de 6 libras y media, eso fue todo. ¡Ese es el amor más grande!”.