1.Alguien te invita a algo y, en lugar de decir “no puedo”, presentas un informe ejecutivo de excusas de tres páginas.

2.Cuando rechazas una invitación, das más detalles que un comunicado del Idaan sobre una suspensión de agua.

3.Empiezas tus frases con: “Perdón, pero...” aunque no hayas cometido ninguna falta.

4.Dices: “No sé si tiene sentido lo que voy a decir...” justo antes de decir algo en lo que tienes toda la razón.

5.Te descubres justificando por qué estás cansada. Como si el cansancio necesitara pruebas y testigos.

6.Pides vacaciones como si estuvieras pidiendo un favor personal y no ejerciendo un derecho laboral.

7.Te escuchas diciendo: “No es por nada, pero...” y bien que sabes que sí es por algo.

8.Has escrito mensajes tan largos para decir “no” que al final te da más trabajo rechazarlos que aceptar.

9.Cuando compras algo para ti, sientes la obligación de explicar que estaba en oferta.

10.Si llegas cinco minutos tarde, das un relato que incluye tranque, lluvia, semáforos dañados, un señor cruzando la calle y posiblemente una intervención divina.

11.Has escrito un mensaje, lo releíste cinco veces y aun así agregaste una frase más para asegurarte de que nadie se ofenda.

12.Pides permiso cuando en realidad solo estás informando.

13.Cuando alguien te pregunta si tu carro es nuevo, comentas que tus carros suelen durarte diez años o más, como si comprar uno fuera delito.

14.Te justificas diciendo: “Mira, yo iba a ir, de verdad que sí, incluso me había cambiado, pero entonces empezó a llover, después pasó una cosa en la casa, además mi mamá...” cuando solo tenías que decir: “No fui”.

15.Si sales sin tus hijos, explicas con quién se quedaron, qué comieron, a qué hora se duermen y por qué no estás abandonando la maternidadad.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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