La entrevista ocurrió en una oficina con más de 111 años de historia, ubicada en el edificio de la Administración del Canal de Panamá. Desde allí, un espacio que por primera vez desde 2020 ocupa una mujer, Ilya Espino de Marotta nos mostró las vistas hacia las esclusas y los puentes que cruzan el Canal, mientras hizo un repaso de su trayectoria de cuatro décadas dentro de la institución.
En esta conversación, la subadministradora del Canal de Panamá abordó temas como liderazgo, curiosidad, aprendizaje constante, decisiones profesionales y su participación en escenarios internacionales como el Queen Elizabeth Prize of Engineering y la Royal Academy of Engineering del Reino Unido.

Entrevista. Solangel Hurtado Mendoza fotos. Janín Gastón producción y coordinación. Anahil Trómpiz Torres maquillaje. Maggie Bluer peinado. Franchesca Pérez asistente de fotografía. Ana Patricia Velasco asistente ‘backstage’. Dixón Santamaría locación. Edificio de la Administración del Canal de Panamá y Biblioteca Presidente Roberto F. Chiari del Canal
Cuando sale de Panamá y habla fuera del Canal, ¿cómo le gusta definirse?
Una ingeniera panameña que ha estado en una institución por 40 años. Una persona abierta a la innovación, a la curiosidad y al aprendizaje, esa búsqueda de qué más hay allá afuera. Más allá de títulos, de que soy subadministradora (que no es lo importante), soy una ingeniera panameña dispuesta a aprender cosas nuevas y diferentes.
Después de 40 años en el Canal de Panamá, ¿qué le genera curiosidad cada mañana antes de venir a trabajar?
Tengo en el estatus de mi celular una frase que dice: “Siempre hay un reto. ‘Never a dull moment’”. El Canal es una empresa tan grande y diversa que siempre hay un reto nuevo que resolver. Uno piensa que va a ser un día tranquilo y de repente algo pasa. Es ese deseo de resolver, de buscar soluciones, de aprender cosas nuevas. Con cada crisis se aprende más.

¿Hay alguna rutina o forma de pensar que la haya acompañado en su desarrollo personal y profesional?
Aprender de todo, pero no solo escuchando, sino participando. Siempre me he involucrado: he hecho tránsitos con pasacables, con remolcadores, con prácticos [..] Eso me ha permitido conocer profundamente la institución y tomar mejores decisiones, porque no es solo lo que te dicen o lo que ves, sino lo que experimentas de primera mano.
¿Cómo se traduce ese aprendizaje a su vida personal?
Creo que es al revés. Mi niñez fue la que me llevó a actuar así en mi profesión. Desde niña me involucré en muchas cosas: teatro, escritura, guitarra, básquetbol, maratones, fotografía, ballet. Mis padres me permitieron experimentar. Esa infancia es lo que me motivó a involucrarme en todo también en mi vida profesional.
De esas actividades de infancia, ¿cuál recuerda con más cariño?
El buceo fue un descubrimiento fantástico a los 16 años. Buceaba todos los fines de semana. También hice teatro por muchos años, hasta que me fui a la universidad. El ballet no me gustó tanto, era muy exigente, así que lo cambié por el teatro. El ejercicio siempre ha sido importante para mí.

Si pudiera hablar con la Ilya de los inicios de su carrera, ¿qué consejo le daría?
Ser más expresiva, no quedarme callada, ser más vocal. Tenía muchos pensamientos que no expresaba. Uno de mis jefes, el ingeniero Alberto Alemán, me decía: “Ilya, se te nota que quieres decir algo, dilo”. Eso marcó un cambio importante en mi vida profesional.
¿Cómo ha cambiado su forma de liderar con los años?
Al inicio era un liderazgo muy técnico. Con el tiempo, al liderar equipos de distintas disciplinas, entendí que debía confiar en las personas, escuchar más y tener un liderazgo más humano, más enfocado en las personas que solo en el conocimiento técnico.
Usted ha dicho que el trabajo duro no es necesariamente trabajar muchas horas, sino lograr resultados. ¿Cómo se promueve esa cultura?
Empoderando a las personas, dándoles responsabilidad y libertad con un nivel de exigencia. Eso genera compromiso. También escuchando y entendiendo que la vida personal y la profesional no están separadas. La empatía es clave.

Este vestido blanco es una creación de la recordada diseñadora Hélene Breebaart. Lo confeccionó para que Ilya lo luciera en la inauguración de la ampliación del Canal de Panamá en 2016.
Recientemente participó en Londres como jueza del Queen Elizabeth Prize of Engineering. ¿Cómo llega a esta experiencia?
Soy jurado desde 2017. Esta es la tercera vez que interactúo con el rey Carlos III. Es una persona muy interesada en la ingeniería y la innovación. Conocía muy bien el Canal y conversamos sobre su operación.
¿Qué la inspira al compartir con líderes globales de la ingeniería?
Conocer a las personas detrás de innovaciones como el GPS, el internet, las turbinas modernas o los paneles solares. Ver que nada se logra solo, sino en equipo. Poder conversar con ellos y aprender de primera mano no tiene precio.
Usted es International Fellow de la Royal Academy of Engineering. ¿Qué representa este reconocimiento?
Fue algo que nunca me esperé. Es un honor muy grande. Uno no se nomina, otros te nominan. Implica participar en diálogos de políticas, innovaciones de ingeniería y aportar perspectivas desde la industria y la ejecución. Soy la primera panameña en recibir este reconocimiento.

¿Qué siente que Panamá aporta a estas conversaciones globales?
La ampliación del Canal nos puso en el mapa por la magnitud, la escala y la innovación del proyecto. Hoy también por el rol que tiene Panamá en la descarbonización de la industria marítima. El Canal es una obra de ingeniería con gran relevancia mundial.



