La noticia del fallecimiento de doña Gloriela Calvo Neira, a sus 103 años, el martes 27 de octubre de 2026, más que un sentimiento de pena ha despertado en mí un enorme agradecimiento, por su trabajo oficial, silencioso pero tangible, en Washington D.C y por un trabajo a título personal, que la llevó a ser una especie de embajadora paralela de Panamá en la cotidianidad, ante la comunidad estadounidense y ante los panameños que llegaban a residir a Washington D.C.
En su trayectoria laboral se le conocen tres trabajos: secretaria bilingüe en la Embajada de Panamá, secretaria ejecutiva en el Instituto Gorgas y, por último, en la Organización de los Estados Americanos.
El año pasado, Gloriela, quien radicaba en Washington, me recibió en su hogar donde sostuvimos una interesante conversación sobre la trayectoria de su madre, Esther Neira de Calvo (1890-1978), quien fue una mujer multifacética: educadora, política, diplomática y feminista.
Gloriela, consciente y orgullosa de los logros de su madre, me regaló historias y anécdotas de doña Esther. Su extraordinaria memoria y gran sensibilidad me cautivaron, al igual que su presencia fina y dotes de buena anfitriona. Durante nuestra tertulia, por momentos, tuve la impresión de estar frente a su madre, ¡tal era su conocimiento y admiración por ella!
Doña Esther Neira de Calvo, nacida el 1 de mayo de 1890 en Penonomé, cuna de grandes pensadores, se formó en un hogar patriótico. Su padre, Rafael Neira Ayala, participó en la primera Asamblea Constituyente de 1904. La referencia paterna y su formación europea explican el interés de Esther por participar y contribuir con la formación de la nueva república.
En momentos en que nos abocamos a celebrar nuestras efemérides patrias, se hace necesario evocar figuras fundamentales para revalorar nuestra democracia, como las primeras diputadas de la nación Esther Neira de Calvo y Gumercinda Páez.
Fiel a los principios de la Ilustración, doña Esther enfocó sus esfuerzos en la educación como motor de transformación de la mitad de la sociedad panameña, es decir, de las mujeres. Hay que recordar que —en el tiempo que ella estudió y durante los primeros años de profesión— era una rareza que las familias priorizaran enviar a las niñas a las escuelas. De manera tal que sus ideas pedagógicas, alimentadas por sus estudios en Europa y Estados Unidos, rindieron frutos importantes en la formación de la mujer panameña.
Como muestra están sus primeros trabajos: Esther fungió como Inspectora General de Enseñanza Secundaria, Normal y Profesional; dirigió la Escuela Normal de Institutoras, y fue profesora y directora del Liceo de Señoritas, entre otros cargos y distinciones.
Esther Neira de Calvo promovió la educación física de las mujeres y la salud escolar. Su pensamiento y acción fueron fundamentales en la formación de las primeras generaciones de mujeres profesionales en Panamá, como fue el caso de Lidia Sogandares, primera médica y ginecóloga panameña.
En la conversación sostenida con Gloriela y siendo yo la Representante de Panamá ante la OEA, me sentí orgullosa de saber que doña Esther en 1926 organizó y presidió el Congreso Interamericano de Mujeres, celebrado en Panamá. Ya desde 1923 había fundado la Sociedad Nacional para el Progreso de la Mujer.
Esther Neira de Calvo fue una visionaria, luchadora por los derechos de la mujer. Estaba convencida, al igual que su hija Gloriela, de que sólo a través de la educación podría la mujer alcanzar su autonomía.
La defensa de los derechos de las mujeres y los niños la llevó a proyectarse nacional e internacionalmente con el objetivo de hacer mayor incidencia. Le comenté a Gloriela que admiraba su perseverancia y fidelidad a sus ideales.
Su convicción sobre la relevancia de la mujer en la sociedad la llevó a ocupar cargos de importancia en la OEA, primero como secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres y luego como representante de Panamá ante la OEA.
La vida de esta mujer oriunda de Penonomé que hizo acciones extraordinarias nos dio mucho tema de conversación, donde la memoria de mi interlocutora, Gloriela, me sorprendió.
Mientras conversábamos, yo trataba de imaginar cómo vería doña Esther el mundo de hoy, ¿qué pensaría de la situación de la mujer actual? Creo que sentiría orgullo por los logros alcanzados en términos de derechos, estaría feliz de ver a más mujeres ocupar puestos de importancia, como sucedió con ella. Pero también tendría varias razones de preocupación: la desigualdad de oportunidades, la violencia de género, la imagen superficial de la mujer en la sociedad.
También me pregunté, sabiendo que fue rotundamente feminista, ¿se identificaría con las manifestaciones del feminismo actual o las cuestionaría?
Gloriela comprendía que su madre había sido un parteaguas en la dinámica de la mujer dentro de la sociedad panameña. Por eso, su aporte a la misión de su madre fue proteger su archivo personal, un trabajo arduo que decidió resguardar en la biblioteca Lauinger de la Universidad de Georgetown, en Washington D.C. Con ese archivo, bien catalogado y conservado, se aseguró que Esther Neira de Calvo siga siendo referente de la mujer panameña y americana, hoy y mañana.
* La autora es embajadora de Panamá ante la OEA
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