El día de esta entrevista, Katherine Márquez tenía la maleta lista. Esa noche viajaba a Canadá para recibir el premio Women in Mining Central America, en la categoría Mujeres de Oro 2025-2026.
Hoy es Supervisora de Construcción y Proyectos y suma más de una década en la industria minera, con experiencia en planeación, mantenimiento y proyectos especiales de infraestructura. Es magíster en Ingeniería Industrial con énfasis en Gestión de Operaciones. Su trayectoria comenzó en un puesto administrativo desde el cual se acercó al campo para entender mejor la operación.
Del trabajo administrativo al aprendizaje en campo
Cuando ingresó a la mina, Katherine asumió funciones vinculadas a planillas, compras y asistencia al superintendente del área. Era un departamento integrado mayoritariamente por hombres y, en principio, su trabajo estaba concentrado en oficina. Pero pronto entendió que, para comprender a fondo su rol y aportar más, necesitaba conocer de cerca lo que ocurría en terreno.
“Tomaba una hora del día… y me iba al carro a ver qué hacía la gente”, recuerda. Observaba el trabajo, el entorno y las dinámicas del equipo. Esa iniciativa se convirtió en una forma de aprendizaje constante y terminó abriéndole nuevas responsabilidades dentro de la operación.
Con el tiempo, pasó de apoyar procesos administrativos a involucrarse cada vez más en el trabajo de campo. Ese crecimiento la llevó a asumir una posición de supervisión. “El trabajo en campo me enseñó que el liderazgo no se impone, se gana”, dice. En su experiencia, hay tres elementos que no se negocian: seguridad, planificación y respeto.
Liderar desde la presencia y el conocimiento del trabajo
Katherine describe su estilo de liderazgo desde acciones concretas. “Yo no era la jefa usual de ‘te toca hacer este trabajo y tráeme el resultado’”, cuenta. Prefería involucrarse en la dinámica diaria del equipo, estar presente y ayudar a resolver lo necesario para que el trabajo se hiciera bien. Si faltaba una herramienta, la buscaba; si hacía falta un casco, lo gestionaba.
Ese modo de trabajar, dice, fue clave para construir confianza. “Ellos fueron creciendo conmigo y yo fui creciendo con ellos”. Con el tiempo, su liderazgo se consolidó no solo por el cargo, sino por la relación que logró construir con su equipo. “Los equipos no siguen solo un cargo, siguen a una persona”, expresa.
Además de la ingeniería, Katherine se formó en investigación criminalística. Considera que esa base le ha ayudado a observar más allá del componente técnico.
Crecimiento profesional y retos en una industria exigente
No siempre fue natural para todos recibir instrucciones de una mujer en campo, pero Katherine apostó a que los resultados hablaran por ella. Su enfoque fue mantener el nivel de exigencia, cumplir con el trabajo y dejar que el desempeño construyera credibilidad.
Su experiencia también coincidió con una etapa en la que la construcción de la mina requería conocimientos especializados que, en ese momento, no siempre estaban disponibles en Panamá. Esa etapa también fue una oportunidad de crecimiento: aprender nuevas formas de trabajo, coordinar con personas de distintos contextos y fortalecer sus habilidades de comunicación.
Cuando habla de las competencias que más han marcado su carrera, Katherine vuelve una y otra vez a la planificación. También destaca la coordinación de equipos, entendida como la capacidad de alinear esfuerzos para que los resultados dependan de procesos bien estructurados. En su forma de ver el trabajo, el liderazgo técnico también exige comunicación: que cada persona entienda su rol, el propósito de lo que hace y la importancia de hacerlo con seguridad y responsabilidad.
Katherine también reflexiona sobre el papel de la comunicación en la minería. Sabe que hablar de esta industria en Panamá implica entrar en una conversación compleja, marcada por posturas encontradas y por una alta exposición pública.
En su mirada, el país ha atravesado un proceso difícil que ha afectado familias, comunidades, empleos y confianza. No lo minimiza. Pero insiste en la necesidad de escuchar, dialogar y tender puentes para que la conversación sea más amplia y mejor informada.
Impacto más allá de la operación
Además de su rol técnico, Katherine participa en programas vinculados al emprendimiento, como Cobre Emprende. La iniciativa ha beneficiado a más de 600 personas y contempla una segunda fase con capital semilla de 5 mil dólares para 60 emprendedores, en su mayoría mujeres.
Más allá de las cifras, ella destaca el impacto que observa en las personas que participan y que, a partir del acompañamiento y las herramientas recibidas, fortalecen su confianza y su capacidad para sacar adelante sus proyectos.
Esa noche, Katherine volaba para recibir un reconocimiento que la sorprendió. Cuando le avisaron por correo, pensó que era un mensaje falso y lo borró. Hoy lo entiende como parte de su trayectoria construida paso a paso.


