Durante décadas, el circuito 9-1 de Veraguas estuvo dominado por los partidos tradicionales. Por eso, la llegada de Janine Prado: enfermera, empresaria, abogada y candidata independiente de la coalición Vamos, marcó una diferencia al ganar la confianza y el voto del electorado.

Próxima a cumplir dos años en la Asamblea, Prado habla sobre un camino en el que uno de los mayores retos ha sido conciliar el trabajo legislativo en Ciudad de Panamá con su vida en Santiago de Veraguas, donde vive su familia y a donde intenta regresar cada fin de semana.

Usted venía del sector privado. ¿Qué fue lo que más le sorprendió al entrar a la Asamblea?

Los tiempos. Las cosas no van a la velocidad que yo quisiera y eso para mí ha sido complicado. Yo normalmente trato de moverme rápido y aquí todo toma más tiempo.

¿Eso la frustró?

Sí, claro. Pero también siento que estamos tratando de cambiar un poco ese ritmo. Las comisiones trabajan más, las jornadas son más largas… por lo menos esa percepción sí existe dentro de la Asamblea.

En varias ocasiones usted menciona que muchas decisiones no se toman pensando desde las provincias. ¿Qué siente que todavía no se entiende sobre el interior?

Que no se invierte igual y que muchas veces no se comprende la realidad de vivir fuera de la capital. Hay temas de salud, agua potable o infraestructura que se viven distinto.

Precisamente, uno de los momentos más duros que usted contó en la entrevista tiene que ver con salud pública.

Sí. Cuando nació mi hijo tuvo una complicación respiratoria grave. Era prematuro y casi se nos muere. Todo fue muy caótico. No había ambulancia disponible para trasladarlo. La de los bomberos no funcionaba. Finalmente lograron estabilizarlo para moverlo a Panamá y cuando llegué acá me dijeron que había que esperar las primeras 24 horas para saber si sobrevivía.

¿Esa experiencia cambió su relación con el tema de salud pública?

Completamente. Ahí entendí muchas cosas sobre las deficiencias que tenemos en el interior. Por ejemplo, todavía no contamos con una Unidad de Cuidados Intensivos pediátricos en provincias centrales y es algo en lo que sigo insistiendo.

Antes de la política usted estudió enfermería. ¿Siente que esa formación sigue presente?

Sí. Aunque nunca ejercí formalmente, siempre quedó conmigo. Todavía cargo un botiquín en el carro y cuando ocurre un accidente o alguna emergencia y me toca pasar por ahí, me detengo a ayudar.

¿Cómo terminó alguien que estudió enfermería entrando en política?

La pandemia tuvo mucho que ver. En Santiago nos involucramos bastante tratando de buscar soluciones porque era una de las provincias con más casos. Y llegó un momento donde yo sentía mucha frustración viendo cómo se manejaban ciertas cosas y me quejaba frente al televisor. Y mi esposo y mis hijos me dijeron que así no podría cambiar nada. Ellos me animaron a tomar acción.

¿Y ahí empezó a pensar en lanzarse?

Ahí empezó la idea. Pero honestamente yo no venía con una visión romántica de la política. Era un mundo que desconocía totalmente.

Además venía de un circuito dominado por partidos tradicionales.

Exacto. Por eso nunca pensamos realmente en ganar. La idea inicial era abrir una puerta para que después más independientes pudieran aspirar.

¿Qué ha sido lo más duro de convertirse en figura pública?

La exposición. Y también aprender a vivir lejos de la familia buena parte del tiempo. Eso no es fácil.

En Panamá hay desconfianza hacia la Asamblea. ¿Cómo vive eso desde adentro?

La gente tiene razones para desconfiar. Pero también creo que es importante que la ciudadanía fiscalice más y vea quiénes realmente están trabajando y quiénes no.

Usted ha dicho que “en política no hay sillas vacías”. ¿Qué significa eso para usted?

Que más gente buena tiene que involucrarse en política. A veces uno critica muchísimo desde afuera, pero al final la Asamblea son votos y esos espacios siempre los va a ocupar alguien. Entonces hay que participar más, fiscalizar más y entender que las decisiones se toman ahí adentro.