Hay días en que Belkis González pasa de revisar datos y tendencias a ponerse botas y salir a campo; de ahí, a sentarse con estudiantes o comunidades donde la conversación arranca, muchas veces, con una pregunta. En un país donde la minería genera debate y críticas, ella camina con una responsabilidad: no simplificar de más y saber traducir los tecnicismos.
Empezó en la industria a los 24 años. En muchas reuniones era la más joven; a veces, la única mujer. “Lo más retador ha sido entender que no basta con saber; también hay que usar la voz con seguridad”, dice. Es bioquímica y bióloga molecular. Hoy se desempeña como Oficial de Ambiente y tiene dos años de experiencia en la industria minera.
Su trabajo combina campo y escritorio: seguimiento de programas de monitoreo ambiental -calidad de agua, biodiversidad y otros indicadores-, interpretación de datos para verificar estándares y participación en inspecciones. “Eres el último filtro”, resume, pensando en la responsabilidad de revisar tendencias, detectar excedencias y entregar información que se sostiene.
Antes de llegar aquí, su entrada al mundo laboral fue más lenta de lo que imaginó. “Para algunos puestos estaba sobrecalificada; para otros, no tenía la experiencia requerida”. A eso se sumaba venir del interior del país y encontrarse con salarios bajos. Aun así, insistió. “Siempre quise que mis conocimientos aportaran al desarrollo de mi país”. Ha encontrado una oportunidad para ejercer su profesión: salir del laboratorio y ver la ciencia aplicada en monitoreos reales.
Con rigor y precisión
Al hablar de rigor científico, lo aterriza en aspectos concretos: procedimientos, revisión, trazabilidad. “Los datos no son opcionales”, afirma. Su trabajo implica revisar información con cuidado, entender qué significa cada resultado, conversar con el equipo y documentar. “Mi responsabilidad es no minimizar ni exagerar”.
Esa forma de trabajar también le ha enseñado a mirar el dato con contexto. No para “acomodarlo”, sino para entender qué implica. “No se trata solo de interpretar cifras, sino de ver el panorama completo”, explica. En el fondo, dice, hay algo sencillo: detrás de cada indicador hay decisiones y efectos reales sobre el entorno.
Aprender a ser firme en el campo
A esa exigencia técnica se suma otra que no se aprende en la universidad: hacer inspecciones y dar recomendaciones. “Llegas a un lugar donde hay 100 o 200 hombres… y tú tienes que decir: ‘esto se tiene que hacer así’”. Al inicio le costó. Mostraba su cara más seria.
Con el tiempo, cambió la estrategia. “Uno puede llevarse bien, hablar y llegar a consenso”, dice. Para ella, el respeto se construye cuando lo que dices coincide con lo que haces, y cuando tu recomendación llega clara. “Mi voz no tiene que sonar fuerte para ser firme. Tiene que estar respaldada por conocimiento, criterio y trabajo constante”.
Cuando la ciencia se vuelve conversación
Ese mismo enfoque es el que lleva a su rol como vocera técnica en Cobre Conecta, una iniciativa con la que conversa con comunidades, estudiantes y público general para explicar procesos ambientales y de sostenibilidad.
Para hacerlo, se ha entrenado en escucha activa. Primero intenta entender qué se pregunta de verdad: qué preocupa, qué se entendió, qué se malinterpretó. Luego busca el lenguaje. “Por mi carrera, hay cosas que para mí son entendibles, pero me toca explicarlas de manera cercana”. En su experiencia, un informe puede estar perfectamente estructurado, pero si no se sabe explicar con empatía, no genera confianza.
En esas conversaciones hay temas que aparecen una y otra vez. Uno de los más repetidos, cuenta, es la asociación automática entre minería y el uso de cianuro o mercurio. Belkis responde desde su rol técnico: según explica, Cobre Panamá no utiliza cianuro ni mercurio, y parte de la confusión viene de generalizaciones y de prácticas vinculadas a minería ilegal.
Insiste en que la transparencia tiene que ser completa: explicar lo que se sabe, reconocer lo que aún se evalúa y no prometer más de lo que el dato permite. “La ciencia es ciencia”, repite, sin desconocer que del otro lado puede haber dudas y preguntas.
A una adolescente que quiere estudiar ciencias
Si pudiera hablarle a una adolescente que está pensando en una carrera científica o técnica, Belkis no le vendería un camino fácil. “Es desafiante”, dice. Y en Panamá, añade, a veces hay que empujar para que existan posiciones donde esa formación se ejerza. Su consejo final se parece a su propia ruta: prepararse, dar el paso sin esperar sentirse perfecta y construir seguridad avanzando en su propio camino.

