La participación de mujeres en juntas directivas en Panamá avanza, pero a un ritmo más lento de lo esperado. Así lo muestra el más reciente estudio de la Asociación de Directoras de Panamá (ADP), que analiza el cumplimiento de la Ley 56 de 2017, la cual establece que al menos el 30% de los puestos en juntas directivas de entidades reguladas deben ser ocupados por mujeres.
En conversación con revista ELLAS, Ana Sofía Alemán, presidenta de ADP, explica qué dicen los números más recientes, qué barreras siguen existiendo y por qué la diversidad en los espacios donde se toman decisiones no es solo una cuestión de equidad, sino también de mejores resultados para las empresas.
¿Qué revelan los resultados más recientes sobre la participación de mujeres en juntas directivas en Panamá?
Este año presentamos nuestro octavo estudio anual de cumplimiento de la Ley 56. La ley establece que al menos el 30% de los puestos de junta directiva de las entidades reguladas deben ser ocupados por mujeres.
Lo que vemos es que sí hay avances. Al cierre de 2025, el 47.14% de las empresas a las que les aplica la ley cumple con ese mínimo de participación femenina. El año anterior el cumplimiento era de 43.9%, así que hubo un avance de más de tres puntos porcentuales.
Es un avance positivo, pero todavía estamos por debajo de la mitad de las empresas cumpliendo con la ley, cuando el plazo original era 2020. Es decir, el progreso existe, pero el ritmo sigue siendo más lento de lo que quisiéramos.
Las mujeres influyen en más de la mitad de las decisiones de consumo, pero siguen siendo minoría en las juntas directivas. El nuevo estudio de ADP muestra avances y las barreras que aún frenan el cambio.
Más allá del cumplimiento de la ley, ¿cómo está la participación promedio de mujeres en las juntas directivas?
Hay dos métricas importantes que medimos. Una es el porcentaje de empresas que cumplen con el 30% de mujeres en sus juntas directivas. La otra es el promedio general de participación femenina.
En total analizamos 454 entidades a las que les aplica la ley, con 2,483 puestos de junta directiva. De esos puestos, 635 están ocupados por mujeres, lo que representa una participación promedio de 25.57%.
Ese número todavía está por debajo del 30% que aspiramos alcanzar, pero cuando lo comparamos con el momento en que se aprobó la ley vemos un cambio significativo. En ese entonces la participación promedio era de 14.57%. Hoy es 25.57%. Es decir, hay un avance de más de 11 puntos porcentuales.
Aun así, el liderazgo femenino en las presidencias de juntas directivas sigue siendo muy bajo.
Sí, ese es otro dato importante del estudio. Solo alrededor del 10% de las presidencias de juntas directivas están ocupadas por mujeres.
De hecho, este año hubo una leve disminución. Pasamos de 10.41% a 10.13%. Cuando desagregamos el dato vemos que en el sector público la cifra es aún más baja: apenas 6.67%.
Eso refleja un fenómeno que vemos en muchos espacios: el embudo. Hay muchas mujeres en los niveles medios, menos en los niveles ejecutivos, menos en juntas directivas y todavía menos presidiendo esas juntas.
A menudo se dice que no hay suficientes mujeres con el perfil para estos cargos. ¿Qué tan cierto es eso?
Esa excusa realmente no es válida. Mujeres calificadas hay, y muchas.
Si uno observa las empresas en Panamá, verá que hay muchísimas mujeres en cargos de liderazgo. Donde empieza a disminuir la presencia femenina es cuando llegamos a los puestos más altos de decisión.
Eso tiene varias explicaciones. Una es que muchas mujeres sentimos que debemos cumplir absolutamente todos los requisitos antes de aspirar a un cargo. Los hombres, en cambio, suelen ser más arriesgados y se postulan incluso cuando todavía están creciendo hacia ese rol.
También están los sesgos culturales. En muchas empresas familiares, por ejemplo, todavía se favorece a los hijos varones para el relevo generacional en los negocios.
Y hay otro factor importante: la conciliación entre vida laboral y familiar. Muchas empresas aún no tienen entornos laborales que faciliten que las mujeres continúen su carrera después de tener hijos.
También mencionan que las invitaciones a juntas directivas suelen darse en círculos muy cerrados.
Sí, muchas veces las invitaciones surgen en espacios informales a los que las mujeres históricamente han tenido menos acceso.
Son los gerentes generales o los accionistas quienes buscan nuevos miembros de junta directiva, y esas decisiones suelen surgir de redes de confianza o camaradería que tradicionalmente han estado compuestas por hombres.
Eso termina reproduciendo el mismo perfil dentro de las juntas directivas.
¿Qué sectores están avanzando más en la participación femenina?
Hay sectores que ya superan el 30% de participación promedio de mujeres en sus juntas directivas. Entre ellos están los reguladores, las entidades autorreguladas, las fiduciarias, las casas de valores y algunas entidades descentralizadas.
También vemos que los bancos y los asesores de inversión están muy cerca de ese umbral, alrededor del 29%.
Sin embargo, hay sectores donde el avance ha sido más lento. Por ejemplo, el sector de emisores, que además es uno de los más grandes, tiene una participación promedio de mujeres de apenas 18%.
¿Qué papel juegan los reguladores en este avance?
Un papel importante. Hemos trabajado muy de cerca con las superintendencias, porque la participación del regulador ayuda a exigir el cumplimiento de la ley. Este año, incluso, avalaron nuestros premios y participaron en la entrega de reconocimientos. En particular, la Superintendencia del Mercado de Valores ha sido una aliada importante, no solo porque se toma el tema en serio, sino porque ha enviado mensajes claros a las empresas sobre la importancia de cumplir.
¿Qué iniciativas impulsa la Asociación Directoras de Panamá para acelerar el cambio?
Tenemos varias. Una de ellas es un servicio gratuito de colocación. Ayudamos a las empresas a analizar las brechas en las matrices de competencias de sus juntas directivas y les proponemos ternas de candidatas que puedan llenar esos espacios.
Normalmente les presentamos entre ocho y diez perfiles calificados para que puedan entrevistarlos y tomar su decisión.
Además trabajamos mucho en crear conciencia sobre la importancia de la diversidad en la gobernanza corporativa, no solo a través del estudio anual, sino también con reuniones directas con reguladores, empresas y aliados.
Y algo que también hacemos es capacitar continuamente a nuestras miembros. Cada mes ofrecemos formación especializada en temas relevantes para juntas directivas, para asegurar que las mujeres estén plenamente preparadas para esos roles.
En un momento en que hablar de igualdad de género genera resistencias en algunos espacios, ¿por qué sigue siendo importante insistir en este tema?
Porque no se trata solo de equidad. Se trata de tomar mejores decisiones.
Cuando en una junta directiva hay diversidad de perspectivas —de género, de experiencia, de edad— las decisiones tienden a ser más sólidas. Hay más puntos de vista, se identifican mejor los riesgos y surgen soluciones más innovadoras.
También hay un tema de representatividad. Más del 50% de las decisiones de consumo en los hogares las toman mujeres. Si las empresas venden productos y servicios a la población en general, es lógico que esa población esté representada donde se toman las decisiones estratégicas. La diversidad no es solo un principio ético. Es una ventaja competitiva.
* Suscríbete aquí al newsletter de tu revista Ellas y recíbelo todos los viernes.

