Hace unos meses, cuando escuché que un adolescente panameño estaba jugando fútbol profesional en Brasil, mi boca se fue al piso. Tenía 18 años, era oriundo de Juan Díaz y estaba en la tierra prometida del fútbol, donde los balones danzan sobre la arena carioca bajo los pies de su gente alegre. Un sueño.

Hasta el momento, Kadir Barría solo ha jugado dos partidos con la Selección de Panamá, pero ya hay algo en él que ilusiona. Viví su debut en el Estadio Rommel Fernández, cuando fue titular en el reciente amistoso de Panamá ante México. Desde las gradas se sentía la emoción cada vez que tocaba el balón en busca del gol. “Se me hacen agua los ojos”, dijo Kadir a los medios después de ese primer partido en el Rommel. Días antes, además, había debutado con gol en la Selección ante Bolivia. Una entrada triunfal.

Muchos lo esperábamos en la convocatoria de los 26 jugadores que Thomas Christiansen elegiría para representar a Panamá en nuestra segunda Copa del Mundo. Cuando el nombre de Kadir no fue mencionado, Panamá lo notó, lo lamentó, lo reclamó. De haber sido convocado, se habría convertido en el futbolista panameño más joven en la historia del país en jugar un Mundial.

Lo primero que pensé cuando no escuché su nombre fue: “Es joven, su momento va a llegar”. Hay carreras que apenas empiezan y ya se sienten grandes. La de Kadir me transmite eso: que este es solo el inicio, que vienen cosas mucho más grandes de las que quizás él mismo imagina.

A veces el plan de Dios duele, pero nunca falla”, escribió el joven futbolista en sus redes sociales días después de la convocatoria. Me movió leer esas palabras viniendo de alguien tan joven. Quizás porque, de alguna manera, todos hemos vivido momentos así.

Nuestra parte más humana suele quedarse mirando eso que no salió como esperábamos. Nos cuesta más tiempo entender que la vida también nos da, que hay un plan más grande y que incluso las decepciones terminan enseñándonos algo. A mí me gusta repetirme que todo sucede a mi favor, especialmente aquello que parece negativo.

Te queremos, Kadir. Sigue danzando con el balón.

*Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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El mensaje que me dejó Kadir Barría