En un encuentro reciente entre CEOs de grandes empresas ocurrió algo que me dejó reflexionando. No fue una conversación sobre inflación, estrategia o inteligencia artificial. El icebreaker más recurrente fue hablar de quienes los acompañan en la vida: sus esposas, las personas que escuchan, aconsejan y sostienen.

Me pareció honesto e inspirador que estos líderes reconozcan la importancia de sus parejas. Al mismo tiempo, me dejó una pregunta: ¿qué ocurre cuando quien lidera una organización también es quien sostiene -desde múltiples roles- la vida que ocurre fuera de la sala de juntas?

Según estudios globales recientes, las mujeres ocupamos alrededor de un tercio de los cargos de alta dirección en el mundo, y apenas una de cada 10 grandes corporaciones es liderada por una mujer. Hemos avanzado, sin duda. Pero llegar sigue siendo excepcional. Y sostenerse, aún más.

Porque existe un costo que no aparece en los estados financieros. No se mide en Ebitda ni en participación de mercado. Es un costo silencioso y profundamente humano.

Hace pocas semanas, uno de mis hijos emprendió un viaje importante para él. Me enteré cuando estaba a punto de despegar. No fue un momento dramático. Fue un recordatorio de que la vida sigue avanzando, incluso cuando no estamos mirando. Como madre, fue un ejercicio de soltar. Como líder, una confirmación de algo que el tiempo enseña: la confianza.

En las empresas hablamos mucho de empowerment. Su verdadero significado aparece cuando entendemos que liderar no es controlar, sino crear las condiciones para que otros crezcan y encuentren su propio camino.

Ese aprendizaje ocurre tanto en el trabajo como en la vida personal. El liderazgo maduro no consiste en dirigir cada paso, sino en generar libertad con responsabilidad.

También he aprendido que el liderazgo no es individual. En mi vida existe una pareja con su propia agenda exigente y con quien elegimos construir en conjunto. El liderazgo real es un ecosistema.

Y ahí aparece, una vez más, el costo invisible. No es solo el tiempo. Es la transición constante entre mundos: cerrar una negociación estratégica y, minutos después, estar emocionalmente disponible.

A nivel global, más de 700 millones de mujeres están fuera del mercado laboral formal debido al trabajo de cuidado no remunerado. Las mujeres realizan más de 12 mil 500 millones de horas diarias de trabajo no pago, sosteniendo economías y familias sin reconocimiento formal. Ese peso también llega a la alta dirección, solo que se disfraza de eficiencia, de resiliencia, de “poder con todo”.

Aquí es donde el liderazgo moderno exige reflexión. Dee Hock, fundador de Visa, decía: “Un propósito simple y claro, junto con principios definidos, da origen a un comportamiento complejo e inteligente”.

Hoy además tenemos una oportunidad histórica: usar la tecnología con intención. La inteligencia artificial no reemplaza el criterio ni la empatía, más sí puede ayudarnos a liberar tiempo y tomar decisiones más estratégicas.

El costo invisible existe. También existe el impacto invisible. Y cuando ambos se alinean con el propósito, el liderazgo se convierte en legado.

* La autora es gerente general de Visa Panamá, Nicaragua y Belice.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.