Diario de Hormonas.

Se acerca el Día de la Madre,  seguramente en tu entorno tienes a mujeres a quienes quieras celebrar como tu madre, tu abuela, tu hermana o tu amiga. Seamos sinceras: esos sentimientos de no haber podido ser madre aún te invaden.

Primero, quiero decirte que te entiendo.  No estás sola. Aunque así lo parezca, somos un porcentaje muy alto a nivel mundial las mujeres que luchamos contra la infertilidad.

Aunque ninguna historia es igual, tenemos similitudes. Sentimos un pico de emoción y a veces uno de frustración. Un sentimiento de impotencia inexplicable que difícilmente se va a lo largo del camino de esta lucha.

Eres toda una campeona, no todo el mundo puede aguantar este recorrido lleno de piedras, de curvas, de lomas inclinadas; empezó cuando aprendiste a comprobar cuándo ovulas.

Parece sencillo, tonto, mecánico, pero cada paso en este recorrido es algo nuevo para ti, es aprender un glosario que no sabías. Es familiarizarte con tus hormonas, maniobrar nivelarlas. Es relacionarte con las agujas, es guardar en silencio la esperanza de llegar pronto a ese final y que sea positivo.

Te aplaudo. Aguantar este proceso es coleccionar consejos no solicitados, es recibir cuestionamientos incesantes sobre tus planes de familia. Es tragar cuando has querido llorar viendo bebés crecer a tu alrededor, es abrir tus redes y ver nuevos nacimientos en los próximos meses, es llorar en silencio, es sentirte incomprendida.

Recuerda que, antes de todo, eres un ser humano. Con debilidades y  miedos. Tienes todo el derecho a experimentar múltiples sensaciones a lo largo de este camino.

Irás madurando y muchas veces te sentirás como niña chiquita queriendo abrazar tu almohada y refugiarte en los brazos de tu esposo o tus padres porque sientes que es una lucha muy grande para ti.

No importa donde termine este camino, sigues siendo una mujer luchadora. Recuerda que no todas las historias son iguales, y si decides hacer una pausa o retirarte de este proceso estás en todo tu derecho. Eres tú y tan sólo tú quien recibe pinchazos diarios en el abdomen, un subidón hormonal, malestares, y nadie está en tu cuerpo para sentirlo.

Te deseo fuerza, ánimos, fe y sobretodo  deseo que mantengas tu esencia.

Querida, quizás un día seas Mamá, quizás un día elijas no serlo, pero siempre, siempre, serás una gran mamacita linda.