A los 50 años, Alessio empezó otra vez. De su primer matrimonio ya era papá de Isabella y Mónica (quien vive en Nueva York), de 26 y 24 años. Ahora tiene además a la pequeña Thea, de un año y cinco meses. “Ser padre a los 50 es algo que no suele ocurrir, pero me atrevo a recomendarlo a cualquiera que lo esté contemplando”, comparte. “La madurez que tienes, el tiempo del que dispones y la velocidad a la que vas, te permiten disfrutar mucho más de la paternidad, hacer las cosas de otra manera, y lo más importante, para mí, que tenía claro las cosas que pude haber hecho mejor con mis primeras hijas, es una oportunidad de oro para enmendarlas y ser mejor padre. Con esta experiencia entiendes por qué los abuelos son mejores como abuelos, de lo que fueron como padres”.

El consejo que siempre escuchó es que aprovechara cada momento con sus hijos pequeños porque crecen en un instante. “El problema es que a los 27 años, cuando yo me estrené como padre, uno está bastante ocupado forjando su carrera y porvenir. La inmadurez de la edad te impide priorizar y darle tiempo a quienes más merecen”.

Alessio explica su estilo de disciplina en este orden: amor, razón y fuerza. “Trato siempre de hacerles entender que lo que les pido es porque las quiero más que a mí mismo. Si eso no funciona, entonces intento convencerlas desde el razonamiento. Y al final, si tengo que imponerme con autoridad, también lo hago”, explica.

Hoy día procura mantener un ambiente de mucha comunicación con sus hijas, tratando de estar al tanto de sus preocupaciones y aconsejarlas a tiempo. Pero eso no evita que él les haga algunas travesuras: “Mis hijas se apenan cuando bailo o canto en público, por lo que procuro hacerlo cada vez que puedo, a ver si se les quita”.