Una de las claves más unánimes para 2026 es el protagonismo de los tonos tierra. Según el análisis de tendencias de la plataforma Business Of Fashion, “el marrón es el nuevo negro”: desde chocolate hasta caramelo, estos colores se consolidan como base de conjuntos elegantes y atemporales.
Ese giro cromático también se traslada a los hombres: en moda masculina para primavera/verano 2026 se prevén prendas en “tonos terrosos actualizados” y un desgaste progresivo del negro como color dominante, para abrir paso a esta tonalidad que desde hace dos años gana cada vez más terreno.
Este retorno cromático parece responder a una demanda creciente de sofisticación discreta, atención al material y un aire de calidez que contraste con la frialdad del minimalismo extremo.
Volumen, arquitectura y sastrería reinventada

Las siluetas marcadas serán una constante. Foto cedida por Arket
Los desfiles de las grandes semanas de la moda han anticipado una temporada marcada por siluetas arquitectónicas, volumen con intención y reinterpretaciones de la sastrería tradicional: mangas redondeadas que recuerdan a las de los primeros diseños de Balenciaga y prendas estructuradas marcan esta tendencia.
En la moda femenina 2026 se esperan hombros marcados, cinturas ceñidas, cortes estructurados y prendas con referencias a décadas pasadas —un eco ochentero actualizado— con más estructura y presencia, que toma elementos exagerados para combinarlos con otros más minimales y básicos.
Al mismo tiempo, la versión contemporánea del ‘black tie’ —esmoquin con falda o pantalón oversize, mezclas de gala con cortes relajados— interroga el concepto de elegancia formal, adaptándolo a la vida moderna y pensado para ser lucido en diferentes ocasiones.
Transparencias, lencería visible y romanticismo oscuro

La lencería sale a la calle. Foto cedida por María Molina
Una de las líneas más atrevidas para 2026 será la del romanticismo subversivo: telas translúcidas, encajes, prendas tipo “lingerie as outerwear” y superposiciones que juegan con lo íntimo y lo exhibido, en prendas de encajes, bordados y satén que sacan la lencería a la calle despojándola de códigos anteriores.
La tendencia bautizada como “haunted cabaret” (o “romanticismo oscuro”) propone una moda menos pulida, con aires teatrales, capas opacas o semitransparentes y vestidos fragmentados, que apelan al dramatismo y a lo sensorial, y que recuerdan a estéticas como las impulsadas hace décadas por McQueen.
Este enfoque supone un giro respecto a temporadas dominadas por la discreción: la ropa se convierte en vehículo de expresión atrevida, sensual, incluso provocadora.
Artesanía y tecnología, un tándem de lujo

El marrón chocolate seguirá siendo un color dominante, incluso por encima del negro. Foto cedida por Sumissura
La moda de 2026 parece integrar con fuerza una conciencia ética y ecológica. Los análisis especializados señalan que las prácticas sostenibles —desde materiales reciclados u orgánicos hasta producción local y economía circular— serán una norma más que una excepción.
A la par, emerge la apuesta por la moda con tecnología: tejidos inteligentes, prendas con funciones adaptativas (regulación térmica, materiales técnicos, diseños con comodidad avanzada) empiezan a ganar terreno entre lo que se espera para el futuro inmediato.
Así, moda y funcionalidad dialogan, señalando una evolución: ropa que no solo viste, sino que responde al contexto, prioriza el confort y se alinea con valores ambientales y sostenibles para un consumidor cada vez más formado y demandante.
Eco nostalgia y retro futurismo: pasado reinventado, futuro reinterpretado
Las referencias a épocas anteriores siguen presentes, pero reinterpretadas con sensibilidad contemporánea. El regreso de ins¬piraciones colegiales, prendas de herencia británica, minifaldas de tablas, gabardinas y sastrería clásica convive con una estética más dramática, volumétrica y barroca.
Algunas propuestas mezclan lo nostálgico con lo moderno, dando lugar a una visión que recupera lo clásico con materiales nuevos, cortes reinventados y espíritu posmoderno. Esa tensión entre herencia y experimentación parece fundamental para definir 2026.
Lo urbano, versátil e inclusivo: moda funcional para nuevos estilos de vida

El traje se consolida como una de las prendas estrella. Foto cedida por Sumissura
La pluralidad del uso y la adaptabilidad se perfilan como ejes clave. Las prendas se conciben para transitar entre distintos contextos: trabajo, ocio, noche, urbano o informal. La sastrería relajada, la ropa utilitaria o las reinterpretaciones de uniformes —inspiradas en propuestas de pasarela para 2026— lo ilustran.
En ese sentido, la moda se convierte en un reflejo de estilos de vida híbridos, donde la comodidad, la versatilidad y la identidad personal se combinan.
El contraste entre lo clásico (naturaleza, tierra, sastrería) y lo experimental (volumen, transparencias, tecnología) proporciona un marco fértil para reflexionar sobre el presente y futuro del vestirse, su significado cultural y simbólico.
MARÍA MUÑOZ RIVERA.

