Hay dos lugares desde los que se puede entender a la diseñadora Jochebec Arjona. Uno está en su estudio privado, un penthouse de paredes blancas, espejos, luces cálidas, bocetos y textiles, concebido como una experiencia exclusiva y previa para sus clientes VIP, donde las molas se incorporan a prendas que hablan de identidad, poder, feminidad y lujo.
El otro está en Veracruz, sobre la arena de la playa donde nació y creció. En este lugar estuvimos con ella para fotografiarla días antes de esta entrevista.
Entre ambos escenarios está la historia de una diseñadora que aprendió desde niña a observar, reconocer oportunidades y convertirlas en posibilidades.
Sus diseños han llegado a escenarios internacionales como Dubai, Washington, Nueva York y Barbados, además de los Latin Grammy, los Premios Lo Nuestro y los Premios Juventud. Personalidades como Los Rabanes y Erika Ender han lucido sus creaciones.
Veracruz

Jochebec tenía entre ocho y nueve años cuando observaba llegar, al taller de costura de su madre y su tía en Veracruz, a una mujer con patrones, telas y prendas para confeccionar.
Aquel pequeño taller familiar funcionaba como una maquila que elaboraba vestidos para una reconocida diseñadora de los años 90. Lo que fascinaba a Jochebec no era solamente la ropa. “Yo veía a la mujer detrás de los bultos de tela”, recuerda. Veía cómo esa mujer generaba empleos, dirigía un negocio y llevaba recursos para pagar a las trabajadoras. “Yo decía: ‘quiero ser ella. Yo quiero ser the boss’”.
En la escuela descubrió su facilidad para comunicarse. Si su padre le llamaba la atención, ella defendía sus ideas. “Tú vas a ser abogada”, le decía él. Las leyes no fueron su camino, pero usó esa habilidad comunicativa para acercarse a las personas.
Trabajó vendiendo periódicos, laboró en bancos y aprendió a hacer negocios con empresarios y tutores. En una mina llegó incluso a manejar maquinaria y equipo pesado.

En Veracruz, en una parte de esta comunidad llamada Koskuna, fundada por familias gunas provenientes de Guna Yala, comenzó su emprendimiento junto a un grupo de mujeres adultas, madres solteras y jóvenes adolescentes, creando un movimiento de trabajo artesanal que la rodeaba como patrimonio cultural, pero también como una posibilidad. “Vivimos en el mar, ¿por qué no podemos comercializar nuestro arte?”, se preguntaba.
El mar se convirtió en su primer escenario comercial, el lugar donde comenzó a darle exposición a su propuesta. Sus primeros diseños fueron para la playa. En una maleta llevaba sus prendas para visitar a sus clientes. Luego compró un automóvil pick-up y finalmente un tráiler que convirtió en una boutique móvil.
“Emprender no tenía horario, no tenía edad, no tenía escenario; solamente pasión, visión y ambición”, comenta.
Identidad

Jochebec se define como diseñadora nativa panameña porque su ascendencia reúne raíces guna, emberá y ngöbe. Esa identidad se expresa en su estilo de vida, donde las molas y otros elementos de la herencia ancestral originaria se incorporan a piezas de alta moda y prendas ready-to-wear.
También busca generar empoderamiento cultural, femenino y empresarial: dar protagonismo a las mujeres que crean y trabajan, y demostrar que su identidad puede convertirse en una oportunidad de desarrollo y negocio.
Sus creaciones han llegado a escenarios internacionales, como Expo Dubái, y ahora su visión apunta a llevar el diseño nativo panameño a nuevos escenarios internacionales. “Yo quiero que la mola se vea como lo que es”, dice. “Si las grandes marcas miran en el artesanado oportunidades de exclusividad, ¿por qué nosotros no podemos ser parte de esa propuesta?”.

En su nueva colección Old Money Nativo, apuesta por el lujo silencioso: fusiona la marca personal del cliente con sus prendas para contar la historia y éxito de quien las luce. Tonos claros, pasteles, negros, accesorios y molas confeccionadas en textiles de alta gama construyen una propuesta donde identidad y sofisticación conviven.
La intención es mostrar a una mujer que puede ser femenina y, al mismo tiempo, ocupar espacios de decisión, hacer negocios y construir su propio camino.
“Creo que ser la oveja negra es una ventaja enorme. A veces, ser diferente no es alejarse del camino; es tener el valor de construir uno propio”.


