Fotolia 213994075  1200 - Pitcairn: la isla de 48 habitantes en medio de la nada

Una de las experiencias más curiosas que he tenido viajando a nuevos destinos fue llegar a la isla de Pitcairn. Primero, por lo remota que es. Tan remota, que jamás había escuchado de ella. Y segundo, por su particular historia, que conjuga elementos de suspenso, aventura, crimen y drama.

Pitcairn es en realidad la agrupación de cuatro islas volcánicas en el Pacífico sur: Pitcairn, Henderson, Ducie y Oeno. La única que tiene habitantes es la primera. Pero solo son 48 personas, todas descendientes de los nueve amotinadores del Bounty y del puñado de tahitianos que se sumó a su causa. Sí, aquel barco inglés cuya historia ha sido narrada y recreada tanto en libros como en la gran pantalla: Mutiny on the Bounty.

El Bounty, un barco de la Armada británica, estaba destinado a replantar frutipan en Tahití en 1789. Se dice que a los ingleses les gustaron tanto las mujeres de allá, que tras reembarcar para retornar a Inglaterra, Fletcher Christian y 18 seguidores, cansados de los abusos de su capitán, encabezaron un motín con la intención de regresarse. Abandonaron al capitán y a sus fieles en un bote y volvieron a Tahití. Pero luego los insurgentes, temiendo represalias de la Corona inglesa, decidieron huir y reubicarse en una isla desierta. Fue así como llegaron a Pitcairn en 1790. Le prendieron fuego al Bounty, y al día de hoy sus restos permanecen sumergidos en la costa de la isla.

Ahí quedaron, viviendo en el anonimato, hasta que en 1825 otro barco británico llegó. Años después, la agrupación de islas, esparcidas a lo largo de cientos de kilómetros, se convirtió en una colonia británica, el único bastión de la Corona en el Pacífico.

Pitcairn queda literalmente en medio de la nada, casi a la mitad entre América y Australia. Lo más cerca que tiene es Rapa Nui, o Isla de Pascua, a unos 2,056 kilómetros al este, la parada previa que hice a bordo del crucero Oceania Marina, en una gira que me llevó hasta la Polinesia francesa.

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Pero no desembarcamos en la controversial isla. Esta no tiene un puerto apropiado para recibir una embarcación tan grande. Y aunque lo tuviera, una isla con solo 48 habitantes no está lista para recibir a más de mil turistas. Además, las costumbres decididamente no convencionales de los pitcairnienses han protagonizado escándalos notorios.

Por eso, en vez de bajar a la isla, recibimos en la nave a sus habitantes. Expusieron artesanías, memorabilia, jabones, miel y otros productos elaborados por ellos, que fueron comprados con avidez por los pasajeros del crucero, curiosos ante esta singular experiencia a bordo. Aunque Pitcairn recibe un robusto subsidio del Gobierno inglés, los ingresos de su población se fortalecen en gran parte gracias a los turistas. En 2019, Pitcairn será visitado por 12 cruceros, de 118 hasta 2,200 pasajeros.

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A Bounty Bay, visto desde el acantilado, solo pueden llegar pequeñas embarcaciones.

Con todo eso, es difícil imaginar en qué gastan el dinero en la remota isla. No hay teléfonos y, gracias a una tormenta hace unos años, se quedaron sin antena para ver televisión. Vivir ahí tampoco es sencillo. Una topografía complicada reduce aún más los escasos cuatro kilómetros cuadrados que mide. La tierra es fértil, pero no hay mucho espacio para sembrar.

En definitiva, hay que ser valiente para vivir en Pitcairn. Pero su historia lo hace un lugar fascinante por explorar, al menos, desde el barco.

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Los habitantes de Pitcairn subieron a bordo del Oceania Marina a vender sus artesanías, las cuales fueron compradas con avidez por los turistas

¿Paraíso perdido?

Los escándalos de la isla

Tras el arribo a la isla de los amotinadores en 1790, el aislamiento físico, psicológico y social a la que se vieron expuestos, sumado a las disputas por el poder, desencadenó en actos de violencia que los diezmó. Se dice que algunos sucumbieron a la locura.

Con el paso del tiempo, la distancia entre ellos y el resto de la civilización, y la falta de implementar un código moral como el que se sigue en otras partes del mundo, llevó a los habitantes a involucrarse en prácticas deplorables para el resto de la sociedad, como abuso sexual e incesto.

En el año 2004 la isla cobró notoriedad cuando 7 de sus 12 hombres fueron declarados culpables de abusar sexualmente de las niñas. Pero lo cierto es que los habitantes de Pitcairn habían regido sus vidas bajo las leyes que ellos mismos habían creado, leyes sensibles a sus necesidades, principalmente, la de subsistir. Por eso, incluso mujeres de la isla argumentaron que sostener relaciones sexuales con niñas de 11 y 12 años era parte de su herencia cultural. En la isla no lo veían como un delito.

 

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