homeschooling - Hablemos de homeschooling (aunque no estemos preparados)
hay días en que uno no quiere hacer tareas y el otro niño sí. Lo que recomiendan los expertos es que se siga el ritmo de los niños. Así también evitamos más estrés para toda la familia.

En la última Conferencia sobre Homeschool en Panamá, realizada por la Fundación Danilo Pérez en enero de 2020, la coordinadora del evento y experimentada homeschooler, Patricia Zárate, mencionó que en Panamá habría cerca de 400 familias que hacen homeschooling en todas sus formas y denominaciones (currículums tradicionales, eclécticos y unschooling, entre las más conocidas).

Muchas de estas familias son extranjeras o mezcla de locales y expatriados, pero cada día hay más familias 100% panameñas que lo están adoptando. Y la pandemia ha logrado que muchas más se animen a intentarlo o se estén interesando más en esta alternativa educativa.

Patricia Zárate ha educado en casa a sus tres hijos y recientemente ofreció un taller online de cuatro sesiones donde no solo explicaba sus métodos y daba consejos para aplicarlos en tiempos de pandemia, sino también ofrecía datos y estadísticas sobre el homeschooling en Latinoamérica y el mundo. El taller completo se puede ver en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=wpotX7Watrg

Enseñar en casa en tiempos de pandemia

La coach de vida Jess Pazos y mamá homeschooler de tres, ya ofrecía en Panamá un acompañamiento profesional para las familias que están pensando en hacer la transición a la educación en casa.  En su cuenta de instagram @hablemoshomeschooling explica con detalle sobre los distintos métodos y da muchos consejos e ideas al respecto.

Para ella, lo primero es entender que la educación en el hogar es diferente para cada familia. Algunas prefieren la estructura rígida y seguir métodos de homeschool parecidos a la educación tradicional (currículum, evaluaciones, etc.), mientras que otras familias pueden tener un enfoque más natural y utilizar la exploración y el descubrimiento para encender la curiosidad de los niños por aprender.

Sin embargo, para hacer homeschooling express (cómo les ha tocado hacer a los padres en cuarentena) es mejor considerar métodos más directos y fáciles de implementar, así como programas de estudio en línea que te permiten suscribirte mensualmente si no es que son gratuitos. Y, antes de arrancar, definan un horario diseñado por todos los integrantes de la familia.

¿Por dónde empiezo?

Las plataformas de homeschool clásicas ofrecen lecciones interactivas, juegos, videos atractivos y bien producidos. Los chicos deben hacer trabajos de investigación, presentaciones y tareas como en cualquier escuela, solo que todo es virtual y vía digital. La tecnología es su herramienta básica y la mayoría son en inglés.

Las más utilizadas localmente son Abeka (US$970 al año), Calvert (US$1,900 aprox. al año), Lemonhass (US$15 por mes, en español) y West River Academy (US$375 al año por un estudiante). Casi todas hacen buenos descuentos en planes familiares de varios alumnos. De hecho, con todo este revulú, Calvert tiene una oferta de tres meses de prueba gratis, sin ningún compromiso ni registro de crédito, lo que para Pazos es una buena oportunidad para aprovechar (y conocer) la plataforma, mientras volvemos a la normalidad. Pero es en inglés y solo tienen clases desde 3er grado en adelante. Estos tres currículos están acreditados en Estados Unidos y acá se pueden convalidar en el Meduca como estudios realizados en el extranjero.

Pero lo más recomendado y cómodo para estos tiempos son plataformas como Time4Learning. También en inglés, la web ofrece clases matemáticas, inglés y ciencias entre otras, para alumnos de kinder hasta secundaria. Cuesta cerca de $20 mensuales y la inscripción se puede cancelar en cualquier momento.

La versión en español de la plataforma IXL se enfoca en las matemáticas para preescolar hasta 6to grado, pero su versión en inglés ofrece más materias. Varias escuelas internacionales locales la utilizan.

Las actividades se pueden hacer sin inscripción, pero la membresía cuesta solamente $9.99 al mes. Lo mismo cuesta ABCya, que tiene juegos y actividades online para niños de esos niveles. Y los científicos pueden chequear la página gratuita de NatGeo Kids, no solo para leer y ver videos de animales, sino también aprovechar sus juegos y test interactivos.

Learnamic y Outschool que ofrecen clases gratuitas de distintas materias, son plataformas divertidísimas. También The Kid should see this, con cientos de videos super interesantes para todas las edades y en Netflix se puede chantajear a los más adictos a la tv con Brainchild y Storybots o cualquiera de los documentales que tienen.

Para los más grandes está Khan Academy (en inglés y español), idolatrada por las familias homeschooler y Coursera, con opciones entretenidas, pero más avanzadas para los chicos a punto de graduarse.

Y, por supuesto, se pueden utilizar los módulos que el Meduca tiene en su página web: educapanama.edu.pa. Las guías chilenas también son bastante buenas y podemos aprovechar las materias como español y matemáticas, pero lo mejor son las actividades no académicas sugeridas por el ministerio de educación de ese país: https://www.gob.cl/vacacionesencasa.

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Para el Día del Trabajo este niño eligió una profesión que le gusta: biólogo. Con su mamá investigó en internet sobre ella e hicieron un disfraz con elementos reciclados.

Buscar aliados hasta en Tik Tok

“El que no haya un espacio físico de aprendizaje académico, no quiere decir que los niños no sigan aprendiendo”, enfatiza Pazos. El unschooling o desescolarización es un método de educación en casa que promueve la libertad de los niños de elegir lo que quieren aprender. Los estudiantes aprenden durante las actividades cotidianas como el juego, tareas del hogar, intereses y curiosidad personales, viajes, libros, clases particulares, familia, mentores e interacción social.

Las familias unschoolers aseguran que, cuanto más individual es el aprendizaje, tanto mayor es su importancia, grado de asimilación y utilidad para el niño.

Si bien es compatible con la asistencia a cursos, la desescolarización cuestiona la utilidad del currículo estándar, las calificaciones y otras medidas tradicionales para educar. “El niño va guiando el proceso de aprendizaje y dictando lo que quiere aprender, siempre cumpliendo con los hitos educativos, pero les damos la libertad de que busquen los temas. El padre o madre es un acompañante en el proceso, pero no es quien define el rumbo”, explica Pazos.

También ha resulta menos estresante para muchas familias que, ahorita mismo, no tienen ni la capacidad tecnológica ni emocional para cumplir con diez módulos por cada hijo y asistir a 6 clases diarias en Zoom.

Por ejemplo, María y su esposo Juan trabajan desde casa y no pueden atender a sus dos hijos, las tareas de cada uno y dedicarle tiempo a las labores domésticas. “Es demasiado”, insiste Alice. “Incluso he pensado en renunciar a mi trabajo. Estoy agotada”, reconoce. Así que decidieron “no más módulos ni Zoom”. Los niños eligen lo que quieren hacer ese día, “más una lámina para rellenar y algo para escribir. Ya la situación es suficientemente difícil como es”, se lamentó.

La abogada Priscilla Castro lleva varios años haciendo unschooling con sus dos hijos y es una apasionada y estudiosa del tema. Ella recomienda para un “unschooling modo survival” exitoso y libre de estrés:

  • Parar, respirar y preguntarnos para qué educamos a nuestros hijos.
  • Tener la disponibilidad y el tiempo para estar presentes con los niños. No importa si es una hora o 30 minutos, pero estar presentes.
  • Seguir los intereses de los niños, sean los que sean. Si al niño le gusta pintar que pinte, si le gusta escuchar música que lo haga, si quiere leer que lea, al final del día el amor y la pasión por lo que uno hace es lo que cuenta.
  • Los que puedan, salgan a la naturaleza. Una piedrita puede destapar muchas actividades y nuevos conocimientos: ¿cómo se formaron? ¿Cómo era Panamá cuando nació la piedrita? Formas geométricas y arquitectura.
  • Jugar y crear con lo que se tiene: cajas vacías de cereal, rollos de papel higiénico, botellas, ropa que ya no se usa, etc.
  • Ayudar en la casa pero con goce: poner música para limpiar, decidir en familia el menú de la semana, hacer competencia de quién guarda primero su ropa. Los mayores pueden hacer estimados del costo del súper y calcular cuántas raciones de arroz se necesitan para una semana de comida. Incluso se pueden encargar del presupuesto doméstico (matemáticas, cálculo).

Por supuesto que sería ideal que todos en Panamá contaran con acceso a las herramientas y recursos tecnológicos básicos para poder aprovechar toda la información que existe en el universo virtual:

¡Museos, conciertos, bibliotecas! Si podemos, “usémoslos como aliados y no los veamos como enemigos”, aconseja Castro. Incluso TikTok, que es tan popular con los adolescentes, tiene buen contenido. “Lo importante es acompañarlos, guiarlos y ver qué están aprendiendo y qué emociones les produce”.

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Los niños tienen la oportunidad de aplicar o “traducir” el tema que los apasiona (dinosaurios, deportes o princesas disney) al aprendizaje académico.

¿Qué quieres aprender?

Un tema muy interesante y que es la base de cualquier experiencia homeschooler, clásica o radical, es que los niños tienen la oportunidad de aplicar o “traducir” el tema que los apasiona (dinosaurios, deportes o princesas disney) al aprendizaje académico.

Pazos me daba el ejemplo de los videojuegos: Super Mario Brothers es la excusa perfecta para aprender destrezas STEM como coding y diseño de videojuegos (existen plataformas gratuitas como Scratch Jr y Scratch para jóvenes y niños desde 5 años).

Además, el Banco Interamericano de Desarrollo acaba de publicar un informe sobre las capacidades motoras e intelectuales que los niños desarrollan gracias a los videojuegos. O el fútbol, que te permite hablar de geometría, geografía, estadísticas y hasta de cocina (cada país tiene su menú futbolero).

Y las princesas que, dependiendo del grado feminista de la madre, son una excelente excusa para hablar de historia universal, arte y literatura, por ejemplo. Hay que sentarse y preguntarle a los chicos qué quieren aprender y diseñar un calendario de actividades acorde a esos temas.

Y sí, ahí está lo más complicado: hay que dedicarle un rato a la organización. No hay de otra. No hay escapatoria. Lo positivo es que ahora, como afirma Pazos, podemos empoderarnos de la educación de nuestros hijos. De replantear nuestra relación con la educación que han recibido hasta ahora.

Castro como Pazos (y básicamente cualquier experto en psicopedagogía como Francesco Tonucci y neuropediatría como Alvaro Bilbao, que haya sido entrevistado esta última semana) insisten también en que este es el momento perfecto para que los pelaos, de cualquier edad, desarrollen destrezas de vida: resolución de conflictos, creatividad y sentido común.

Lo importante, hágase lo que se haga, es evitar sobreexigirse y sobreexigirlos a ellos. Y no olvidar que tanto nuestros hijos como nosotros hacemos lo que se puede, que ya de por sí está muy bien.