El chef pastelero Antonio Bachour estuvo en Panamá.
Antonio Bachour

Hace apenas cuatro años, cuando recién conocí al chef Antonio Bachour, se celebraba el lanzamiento de su primer libro: Bachour

Fue en el maravilloso hotel St. Regis Bal Harbour Resort, en Miami, Estados Unidos, donde se desempeñaba como chef ejecutivo de repostería. Ya entonces había sido nombrado como uno de los Top 10 Chefs de Repostería de América.

Su cuenta de Instagram contaba con unos 10 mil seguidores, cosa que en aquel entonces parecía una cifra bastante respetable. Hoy día supera los 500 mil. Solo hace falta reconocer el calibre profesional de sus seguidores, a nivel mundial, para apreciar su influencia en el ámbito culinario. El chef maneja su cuenta, agradece los constantes elogios y responde a las preguntas de sus seguidores. Ha rechazado ofertas publicitarias lucrativas para así mantener el control de su contenido.

Antonio Bachour en Panamá
Dulce de zanahoria.

Contemplar su cuenta de Instagram es deleitarse con un álbum electrónico colmado de hermosas fotografías de arte comestible, a todo color y en alta resolución. Ojalá se pudiesen oler y comer esas fotos…

Chef Antonio es oriundo de Puerto Rico, de padres libaneses. Su papá era comerciante, y entre sus varios negocios, era propietario de una pastelería. A los 12 años miraba encantado al pastelero trabajar y de ahí nació su fascinación por el arte. Su padre quería que fuese comerciante, “yo no”, relata él. Al pasar del tiempo se dio cuenta de que había cumplido sus deseos.

“La repostería no es como la cocina: un punto de sal, un punto de pimienta, una pizca de lo otro, no. La repostería es una combinación precisa de ingredientes como la crema, la grasa, la harina, un porcentaje exacto de gelatina y demás, todos incorporados para obtener el producto final”. Es una composición de fórmulas matemáticas y de química, perfectamente combinadas para crear un balance de sabores, colores, aromas y texturas. La palabra mágica es “balance”.

Antonio Bachour en Panamá
Bombones de chocolate.

Sus creaciones son obras de arte: “lindos por dentro y por fuera”, como él los describe. Son tan hermosos que da pena comerlos y no sabes por dónde empezar. “Eso dicen todos, pero una vez que los prueban, se los comen todos”. Sus postres favoritos son los cremosos.

En noviembre se publicará su cuarto libro, Bachour The Baker, y ya se puede preordenar en Amazon. Hay que apurarse, ya que sus tres primeros: Bachour, Bachour Simply Beautiful y Bachour Chocolate están agotados, y los raramente disponibles están categorizados como libros de colección, atrayendo precios exorbitantes.

Recientemente lanzó al mercado, bajo su nombre, Bachour, una colección de moldes para hacer bombones creados por la firma Pavoni Italia, y está por lanzar una colección de moldes de silicona, también bajo su nombre.

Antonio Bachour en Panamá.
‘Croissant’ de chocolate.

Entre sus planes futuros se encuentra la inauguración en abril de 2018 de un café y pastelería de cien sillas en el Citadel de Miami, en un concepto nuevo conocido como food court o galería de restaurantes.

También planea la creación de un café y pastelería en Coral Gables, Florida, que contará con una pequeña escuela desde la cual podrá dictar talleres de repostería a grupos pequeños, para profesionales y para aficionados. Hace poco vendió su primer restaurante.

A pesar de haber dictado cursos alrededor del mundo y de estar completamente comprometido hasta 2020 (este año cumplió medio millón de millas aéreas acumuladas), Antonio se describe como una persona muy de familia. Se casó hace poco más de un año y su esposa, Alejandra, lo acompaña en muchos de sus viajes. Le gusta ir al cine, comer comida china y estar en casa con sus hermanos y sobrinos, a quienes quiere como si fuesen sus hijos. Contribuye con organizaciones benéficas como la fundación Make-A-Wish, March of Dimes y Autism Speaks, entre otras.

Le encanta venir a Panamá. “Hay mucho entusiasmo. Faltan muchas cosas por hacer y hay que darle seguimiento. Además se come muy bien”, asegura.

Bachour nos visitó para el Fórum de Pastelería en noviembre de este año, donde dictó un taller. De aquí siguió a Napa, California, y luego a Pekín, China. No para. Le gustaría mucho ir a Sudáfrica y regresar a Marruecos. Se siente en casa en Miami, donde reside, y también en Barcelona.

El secreto para el croissant perfecto es: una buena masa, fermentación en su punto y la mantequilla de mejor calidad disponible. “En mi restaurante usamos una francesa”.