Orit Btesh no cree en la perpetuidad ni en la reelección. Pero aceptó el cargo de presidenta de la Cámara Panameña del Libro por séptimo año consecutivo porque no iba a tirar por la borda el trabajo de 20 años de la Capali. “Me había despedido el año pasado, pero no había quien asumiera el puesto”, exclama.

“La Feria del Libro ha llegado a un nivel que me daba lástima dejarlo, porque sé que desaparecería; a nadie le importa la cultura”, se lamenta.

El escritor cubano Leonardo Padura le dijo en una ocasión que es una peleona, pero tal vez la palabra correcta es luchadora, una empedernida. Admite que tiene complejo de Don Quijote. “Voy luchando contra los molinos”, exclama, y los desafíos son muchos en un país donde la cultura se deja tristemente a su suerte.

 

En estos tiempos de Kindle, ¿el goce de agarrar un libro y pasar las páginas está perdido?

Las estadísticas dicen que ha caído la venta de los libros en formato digital y que ha subido la venta en papel. ¿Sabes quiénes son los clientes número uno? La generación de Harry Potter, esos chicos que hoy día son adultos jóvenes. Creo que al final vas a utilizar el libro digital para buscar información. Pero para leer y disfrutar vas a utilizar el de papel. Por lo menos no te mandan a apagarlo cuando despega el avión y no estás preocupada si se moja en la playa o se le mete la arena.

 

¿El panameño lee más o menos que antes?

Siento que lee más. Toda esta cuestión digital nos tiene más conectados con el exterior. La influencia de los extranjeros que han llegado ha incentivado a los panameños a mejorar su nivel. Además, leer está de moda. La gente es feliz comprando un libro. Si al final lo lee o no lo lee, no es importante. Si un niño ve libros en casa de sus padres, eventualmente va a adquirir el hábito.

“No puede ser que el presidente no inaugure la Feria del Libro. He estado en dos ferias en Bogotá y ambas fueron inauguradas por Santos (…) Pero en Panamá tengo que rogarle al presidente que venga y no viene”.

 

¿Son los libros un negocio rentable?

La gente piensa que se hace plata con los libros. Eso es absurdo. Para tú realmente hacer dinero con libros, tienes que vender millones. Somos un país pequeño y tampoco es que compras un libro todos los días.

 

Israel es el país invitado a la Feria del Libro de este año. ¿Qué va a aportar su participación?

Cuando hacemos una invitación, no todos los países aceptan, porque es una inversión. Una de las cosas que les solicité fue el museo virtual. La mayoría de los estudiantes de las escuelas públicas no tienen la oportunidad de viajar. Cuando Francia fue invitado, hicimos un Louvre digital. También hemos hecho el recorrido virtual del Vaticano. Este año vas a poder ver todo el camino que recorrió Jesús en la Tierra Santa.

Orit Btesh: ‘Los presidentes no vienen a la Feria del Libro’

Orit Btesh: ‘Los presidentes no vienen a la Feria del Libro’

 

Además de eso, ¿qué ofrece la feria de este año en comparación con las anteriores?

Cada feria es una evolución. Este año seguimos con varios temas muy importantes: el foro de periodismo, enfocado en el periodismo político y la responsabilidad de los periodistas. Tenemos invitados de muy alto nivel. Viene Jon Lee Anderson, quien cubre todas las catástrofes del mundo, y Patricio Fernández, de Chile. También le estamos dando seguimiento a los refugiados, algo caótico en este momento. A Panamá han llegado este año 20 mil desplazados, pero desgraciadamente no sabemos recibir a esa población, porque tenemos una reacción adversa. Es importante involucrarnos. Las Naciones Unidas nos está apoyando. El tercer tema que es muy importante para mí es el de la mujer.

 

¿Cómo se eligen los temas de cada edición?

Procuro que sean relevantes a nivel mundial y no solo en Panamá. Si queremos ser un país de primer mundo, tenemos que involucrarnos. No podemos vivir en esa burbuja en que pensamos que no importa lo que pase en el resto del mundo.

 

¿El mayor desafío para organizar la feria?

Hay muchos, pero el más grande es lograr que el gobierno entienda que un país nunca va a llegar al primer mundo si no invierte en cultura y educación. Lograr que el gobierno nos apoye económicamente ha sido muy difícil; me dan ganas de llorar cuando te digo. El año pasado no pude ni siquiera terminar de pagarle al Atlapa. Tuve que sacar un préstamo. Este año he recortado como no tienes idea. Me da pena decirte cuánto presupuesto me dio la Presidencia. Solo diré que menos de lo que costó uno de los tiquetes a Rusia.

 

¿Y la crítica más injusta que reciben?

La gente cree que cobramos la entrada porque ganamos plata con esto, pero cobramos porque montar una feria cuesta muchísimo. Atlapa no es gratis. Traer escritores, pagarle hoteles tampoco. Los stands que alquilamos a las compañías que venden libros, las luces, letreros también cuesta. Todos los años digo que si queda algo será invertido en una biblioteca. La primera fue en Olá, Coclé, un lugar muy pobre. Tuve que comprar un generador eléctrico para alimentar las dos computadoras y los foquitos de electricidad. Pero si tenemos que pedirle prestado al banco, para poder pagar la feria, no podemos seguir reinvirtiendo en la sociedad.

Orit Btesh: ‘Los presidentes no vienen a la Feria del Libro’

Orit Btesh: ‘Los presidentes no vienen a la Feria del Libro’

¿El llamado que le harías al Gobierno?

No puede ser que el presidente no inaugure la Feria del Libro. He estado en dos ferias en Bogotá y ambas fueron inauguradas por Santos, y tienes que escuchar sus discursos. En Guadalajara el debate de los candidatos es en la feria, es su plataforma. Pero en Panamá tengo que rogarle al presidente que venga y no viene; rogar que manden un ministro. No puede ser.

 

Se necesita mucha pasión para hacer lo que haces. ¿Dónde la encuentras?

Shimon Peres había dicho que no entendía la generación actual ni qué significa irse de vacaciones un mes o jubilarse a los 50 años. ¿Qué pasión hay en acostarse en la playa y mirar el cielo? Pasión es trabajar hasta el último día de tu vida y crear. Eso es vivir: dejar algo, construir algo. Eso me pegó, porque lo veo igual.

 

¿A qué autor sueñas con invitar a la feria?

No me ha aceptado la invitación aún, pero me encantaría tener a Carlos Ruiz Zafón. También a Isabel Allende. Pero he logrado traer gente de muy alto nivel: María Dueñas e Ildefonso Falcones, de la Catedral del Mar. Antes era muy difícil, porque Panamá no era un destino cultural, pero hoy nuestra feria tiene un nombre importante en toda América; los escritores quieren venir.

 

Una anécdota que sobresalga:

Cuando Lucy Molinar fue ministra [de Educación] formó una sinfónica de colegios. Yo quería una para la inauguración de la feria, y ella me contó de una escuela muy pobre en el interior. Ese era el grupo que iba a tocar. Esa mañana me llamó el director de la escuela para decirme que no tenían dinero para pagar la gasolina del bus que iba a traer a los niños a Panamá. Lo puse de mi bolsillo, porque no iba a permitir que esos niños se perdieran ese sueño, no solamente de tocar en el Atlapa, sino de salir de su pueblito y llegar a la capital por primera vez. Vieras su cara cuando venían en el bus. En su vida habían visto un edificio. Esa experiencia te llena la vida. Todo lo demás no tiene importancia.

 

Hace poco hubo revuelo en torno al contenido del libro ‘Gravity Falls – Diario 3’. ¿Fue justificado o no?

Me volvieron loca con eso. Una señora llegó a El Hombre de la Mancha, rompió uno y lo tiró. Uno debe saber discernir entre lo que compra o no. Estamos en democracia. La gente escribe, la librería hace la oferta y después está en el cliente decidir si lo compra o no. En cuanto a nuestros hijos, es igual que la televisión. A veces dejamos a los niños todo el día y los padres no sabemos qué están viendo. Encerrar a tu hijo y que no esté expuesto a la información es imposible, pero sí puedes monitorear lo que ve. Creo que las editoriales son responsables. El problema es cómo manejamos la información, no la información en sí.