Durante años escuché la misma frase en distintos consultorios: “es normal”.

Mi cuerpo dolía, mis síntomas se acumulaban, pero el sistema de salud siempre encontraba razones para postergar. Esa experiencia, que durante mucho tiempo creí individual, terminó revelándome algo más profundo: no era un caso aislado, era una falla estructural.

Como mujer negra, aprendí pronto que el dolor se normaliza. Que resistir se espera. Que hacer demasiadas preguntas incomoda. Consultas breves, diagnósticos tardíos y decisiones médicas tomadas sin información suficiente formaron parte de mi recorrido por el sistema de salud reproductiva en Panamá.

Cuando mi cuerpo colapsó, la búsqueda de respuestas dejó de ser solo médica y se volvió política. Empecé a investigar y fue ahí donde encontré estudios internacionales que confirmaban lo que ya intuía: las mujeres afrodescendientes somos más propensas a desarrollar condiciones que afectan nuestra salud reproductiva, a edades más tempranas y con consecuencias más severas. No se trataba de mala suerte ni de cuerpos “defectuosos”, sino de desigualdades históricas que atraviesan la atención médica.

Ese hallazgo abrió una pregunta inevitable: si esto estaba documentado a nivel internacional, ¿por qué en Panamá no se hablaba de ello? ¿Dónde estaban los datos, los registros y las historias que nombraran estas experiencias? La ausencia de información local no era neutral; también era una forma de silencio.

De esa urgencia nació una investigación nacional centrada en las experiencias ginecológicas y reproductivas de mujeres negras. No desde un enfoque clínico distante, sino desde los cuerpos y las vivencias. La investigación se convirtió en la base de mi libro y de una guía emocional que acompaña estos procesos, entendiendo que la salud no es solo física, sino también emocional y social.

Este trabajo no es un proceso individual ni aislado. El libro, la investigación y la guía emocional forman parte de un proyecto colectivo llamado Sanar también es resistir, construido junto a la nutricionista Naomy Mena; la psicóloga Juana Coronado; la coinvestigadora y enfermera Mibzar Powell; y la analista de datos, Yleana Martínez. El objetivo no es ofrecer soluciones rápidas, sino acercar información, acompañamiento y herramientas que permitan a más mujeres comprender sus cuerpos y tomar decisiones informadas, evitando llegar —como me ocurrió a mí— a intervenciones médicas de urgencia a edades tempranas.

Hablar de salud reproductiva desde la experiencia de mujeres afrodescendientes no es una tendencia ni una agenda importada. Es una deuda pendiente. Mientras estas historias sigan siendo anecdóticas y no parte del debate público, el sistema continuará funcionando como si nuestros cuerpos fueran prescindibles.

Sanar, en este contexto, también es resistir. Resistir al silencio, a la desinformación y a la normalización del dolor. Nombrar estas experiencias es un primer paso para que, cuando alguien diga “no sabía”, ya no sea cierto.

* La autora es escritora e investigadora. Autora de ‘Perdóname por ser una mujer negra en un país que sana del colonialismo’ y del proyecto ‘Del silencio a la acción’.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.