En pocos años, nombres como Ozempic pasaron de charlas en los círculos médicos a las conversaciones entre amigas, las redes sociales y las noticias sobre celebridades. Existe aún mucha curiosidad, expectativas y a veces confusión. ¿Son realmente una solución rápida para bajar de peso? ¿Quién debería usarlos? ¿Qué dice la evidencia médica? ¿Y qué está ocurriendo en Panamá con su regulación y control?

Una misma familia, varios fármacos

Aunque Ozempic es la marca más conocida, forma parte de un grupo de medicamentos más amplio. De hecho, según registros de la Dirección Nacional de Farmacias y Drogas, en Panamá existen varios productos con semaglutida y otras moléculas del mismo grupo terapéutico. La semaglutida pertenece al grupo de los medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1, diseñados para imitar la acción de una hormona que regula el apetito y el metabolismo.

Según explica el endocrinólogo Gustavo Marciaga, comenzó a utilizarse para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y, con el tiempo, mostró beneficios adicionales: ayudaba a perder peso y a mejorar otros parámetros metabólicos. También se observaron mejorías en el hígado graso y en ciertos indicadores cardiovasculares. A partir de ahí comenzaron los estudios enfocados en obesidad.

Estos medicamentos regulan procesos del cuerpo relacionados con la saciedad, el apetito y la respuesta a los alimentos. La persona se siente satisfecha más rápido, reduce la ansiedad por comer y puede sostener con mayor facilidad cambios saludables en sus hábitos alimenticios.

Pero no se trata de un santo remedio. El medicamento funciona mejor cuando se acompaña de alimentación adecuada, actividad física, descanso suficiente, manejo del estrés y seguimiento médico. El abordaje integral es parte del tratamiento.

Uno de los errores más frecuentes, advierte Marciaga, es usarlos sin estudiar al paciente, sin establecer metas realistas y sin entender qué problema se está tratando realmente. En su consulta, el punto de partida no es el deseo de verse distinto, sino la necesidad de comprender la biología de cada persona. No toda obesidad es igual y no todos los cuerpos responden de la misma manera.

La obesidad, recuerda el especialista, está reconocida hoy como una enfermedad crónica, lo que significa que su tratamiento no suele ser breve ni puntual, sino que requiere seguimiento a largo plazo. La duración del tratamiento dependerá de la respuesta del paciente, de los cambios que logre mantener en su vida cotidiana y de cómo evolucione su metabolismo. En algunas personas será posible ajustar o reducir dosis con el tiempo; en otras, suspender el tratamiento demasiado pronto puede significar recuperar buena parte del peso perdido.

Como otros medicamento, estos pueden producir efectos no deseados. Entre los más comunes, sobre todo al inicio, están las náuseas, el estreñimiento, el reflujo y la sensación de llenura. Muchas veces son transitorios y pueden manejarse mejor cuando hay acompañamiento nutricional.

Toda pérdida de peso, ya sea con dieta, ejercicio, cirugía o medicamentos, puede implicar también pérdida de masa muscular, que es muy importante para la salud. El seguimiento debe incluir verificar cómo está cambiando la composición corporal de la persona. La meta no es bajar de peso, sino perder sobre todo grasa y preservar músculo en la medida de lo posible.

Regulación en Panamá

El auge de estos productos ha obligado a las autoridades a mantener un seguimiento constante, no solo por sus efectos y por el uso indebido, sino también por las alertas de calidad y falsificación.

Uriel Pérez, director nacional de Farmacias y Drogas del Ministerio de Salud, explica que la entidad ha publicado, hasta febrero, alrededor de quince notas informativas relacionadas con este grupo de medicamentos. Algunas se centran en la seguridad del producto cuando se usa correctamente; otras, en los riesgos del uso inadecuado; y otras, en alertas por falsificaciones detectadas en la región. El objetivo de estas notas es que pacientes y profesionales de la salud tengan a mano información actualizada para tomar mejores decisiones.

Ese seguimiento incluye además reportes de sospechas de reacciones adversas en Panamá. Estos procesos de farmacovigilancia permiten documentar y compartir información a nivel internacional. A partir de esa evidencia acumulada, se revisa si hace falta actualizar prospectos, advertencias o indicaciones.

La venta informal de estos medicamentos preocupa a las autoridades. Debido a su precio elevado en el mercado formal, muchas personas terminan tentadas por ofertas en redes sociales o en canales de comercio dudoso. Muchos de estos productos requieren cadena de frío. Un medicamento comprado por Instagram, sin factura, sin una farmacia de respaldo y entregado en una estación del metro o en una esquina, no solo puede ser falsificado: también puede haber perdido calidad por mal almacenamiento.

La autoridad sanitaria, añade Pérez, ha recibido notificaciones de falsificaciones detectadas en países como México y Colombia, y mantiene acciones junto con aduanas y plataformas digitales para frenar ese tipo de circulación. También recuerda algo útil para las lectoras: cualquier persona puede reportar en la página de Farmacias y Drogas tanto reacciones adversas como sospechas de productos ilícitos o falsificados. Es una forma de participación ciudadana en un campo que solemos imaginar lejano, pero que toca de forma directa decisiones cotidianas de consumo y salud.

En un momento en que tantas personas reciben consejos de salud a través de videos breves, testimonios ajenos o ventas disfrazadas de recomendación, se vuelve todavía más importante consultar con un especialista, comprar en farmacias autorizadas, desconfiar de ofertas y recordar que la salud metabólica requiere un seguimiento integral.

Nota a las lectoras: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la evaluación ni la recomendación de un profesional de la salud. El uso de medicamentos como Ozempic debe realizarse únicamente bajo supervisión médica.

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