Aunque muchas personas lo asocian solo con una erupción en la piel, el herpes zóster es mucho más que un sarpullido. Se trata de una infección causada por el mismo virus de la varicela, que puede permanecer latente durante años en el organismo y reactivarse cuando las defensas bajan, especialmente después de los 50 años o en personas con enfermedades crónicas.
El cardiólogo clínico panameño Daniel R. Pichel explicó que el herpes zóster surge a partir del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela en la infancia. Una vez superada esa primera infección, el virus no desaparece del cuerpo, sino que queda “viviendo de forma latente en los ganglios nerviosos sensitivos”, ubicados a los lados de la columna vertebral, sin causar síntomas durante largos periodos.
Sin embargo, esa aparente quietud puede romperse. Según Pichel, cuando el sistema inmunológico se debilita por factores como el envejecimiento, una cirugía mayor, una infección severa, estrés psicológico extremo o enfermedades como VIH, lupus, artritis reumatoide, diabetes, insuficiencia renal o insuficiencia cardíaca, el virus puede reactivarse. En lugar de causar nuevamente varicela, produce un cuadro de herpes zóster, caracterizado por dolor, sensación de quemadura, aumento de sensibilidad en la piel y luego una erupción con pequeñas ampollas que pueden unirse y formar lesiones más extensas.
“El cuadro comienza muchas veces con síntomas muy inespecíficos. El paciente siente dolor, calor o ardor en una zona del cuerpo y no necesariamente ve algo en la piel al inicio”, detalló el especialista. Esa fase temprana puede hacer que la enfermedad se confunda con alergias, quemaduras, otras lesiones cutáneas o incluso dolores de otro origen.

El herpes zóster es una infección viral causada por el virus de la varicela-zóster, el mismo virus que causa la varicela. Imagen tomada de internet
Las zonas más frecuentes donde aparece son el tronco y las extremidades, aunque también puede afectar la cara. En esos casos, advirtió Pichel, el dolor puede ser particularmente intenso. “Cuando compromete la cara, sobre todo por la participación del nervio trigémino, puede producir uno de los dolores más fuertes que puede tener el ser humano”, señaló.
Además del brote visible, uno de los mayores problemas del herpes zóster es que el dolor puede persistir aun después de que desaparecen las lesiones cutáneas. Esa complicación, conocida como neuralgia posherpética, ocurre cuando el nervio queda inflamado y puede generar molestias durante meses o incluso años. Algunos pacientes describen ese dolor como una sensación de “carne viva” o como corrientazos recurrentes en la zona afectada.
La causa del herpes zóster es el virus varicela-zóster, el mismo virus que provoca la varicela. Después de contraer varicela, el virus permanece en el cuerpo de por vida. Años más tarde, el virus puede reactivarse como herpes zóster.
El médico subrayó que el riesgo aumenta con la edad debido a un fenómeno llamado inmunosenescencia, es decir, el envejecimiento progresivo del sistema inmunológico. A partir de los 50 años, explicó, las defensas comienzan a perder eficacia, lo que facilita que el virus se reactive. Si a eso se suman enfermedades crónicas o condiciones que comprometen la inmunidad, la probabilidad de sufrir un episodio de herpes zóster se incrementa aún más.
De acuerdo con datos compartidos en el marco de la Semana de Acción contra el Herpes Zóster 2026, la enfermedad afecta a 1 de cada 3 personas a lo largo de su vida. Además, una encuesta global realizada a más de 6,000 adultos con condiciones crónicas en 10 países reveló que más de la mitad de los mayores de 50 años consultados nunca había hablado sobre el herpes zóster con un profesional de salud. El 33% indicó que el dolor le impidió trabajar o asistir a eventos sociales, mientras que el 78% expresó temor a que esta enfermedad altere su vida diaria.
Para Pichel, estos datos reflejan la necesidad de hablar más sobre una afección que con frecuencia pasa desapercibida o se diagnostica tarde. “Es una enfermedad real, frecuente y tremendamente incapacitante. Puede convertirse en un factor que contribuya a complicaciones mayores en personas que ya viven con padecimientos crónicos”, afirmó.
Hoy existen antivirales que ayudan a controlar los brotes y a reducir su severidad, pero el especialista insiste en que el factor clave sigue siendo la atención oportuna. Ante dolor inusual, ardor, hipersensibilidad en la piel o la aparición de ampollas, la recomendación es buscar evaluación médica lo antes posible. “Ante la sospecha, hay que acudir al médico para que lo evalúe, confirme si efectivamente es herpes zóster y dé tratamiento en el momento en que se identifique”, enfatizó.


