El hepatocarcinoma, el tipo más frecuente de cáncer de hígado, es una enfermedad que se origina directamente en las células hepáticas y se diferencia de otros tumores que pueden afectar este órgano, como las metástasis —cánceres provenientes de otras partes del cuerpo— o los tumores de las vías biliares. Así lo explica el oncólogo Omar Castillo Fernández, jefe del Servicio de Oncología Médica del Instituto Oncológico Nacional.

A nivel mundial, el cáncer de hígado es la tercera causa de muerte por cáncer, con unas 750 mil defunciones anuales. En Panamá, la enfermedad también representa un desafío: se reportan cerca de 300 casos al año, con alrededor de 200 fallecimientos, según datos citados por el especialista. La mayoría de los pacientes se diagnostica en etapas avanzadas.

Factores de riesgo y población más afectada

El hepatocarcinoma suele presentarse con mayor frecuencia en personas mayores de 50 años, con una media de edad de 65 años, y afecta más a hombres que a mujeres. Uno de los principales factores de riesgo es la cirrosis, una condición que puede desarrollarse por consumo excesivo de alcohol, hígado graso o enfermedades como la esteatohepatitis.

También influyen las infecciones crónicas por hepatitis B y C. “Una vez que una persona tiene cirrosis, el riesgo de desarrollar cáncer de hígado puede ser de entre 1% y 5% anual”, advierte el especialista. En muchos casos, las personas desconocen que padecen hepatitis hasta que se realizan pruebas médicas, lo que aumenta el riesgo de complicaciones.

Hepatocarcinoma: la importancia del diagnóstico temprano y la vigilancia

Síntomas del hepatocarcinoma.

Detección temprana: la clave que puede marcar la diferencia

Uno de los principales retos del hepatocarcinoma es que suele ser asintomático en sus etapas iniciales. Por ello, los expertos insisten en la importancia de la vigilancia médica, especialmente en pacientes con cirrosis o enfermedades hepáticas.

El seguimiento periódico con ultrasonido permite detectar lesiones de forma temprana. “Esperar a que aparezcan síntomas no es lo más adecuado. Lo importante es el control regular con su médico”, subraya Castillo Fernández.

Prevención y mensaje a los pacientes

La prevención juega un papel fundamental. Mantener un peso saludable, reducir el consumo de alcohol, llevar una dieta equilibrada y controlar enfermedades metabólicas son medidas clave. Asimismo, la vacunación contra la hepatitis B y el monitoreo de la salud hepática pueden reducir el riesgo.

Aunque se trata de una enfermedad agresiva, el diagnóstico no es una sentencia definitiva. “No necesariamente equivale a muerte. Existen tratamientos muy novedosos que pueden mejorar los resultados, por lo que es fundamental que el paciente consulte con su médico y evalúe sus opciones”, concluye el especialista.