Durante años, el cáncer de mama fue tratado como una única enfermedad. Hoy, eso ha cambiado. Los avances en la investigación han permitido identificar distintos subtipos del tumor, cada uno con características biológicas propias y estrategias terapéuticas específicas, un cambio que ha transformado el pronóstico y la calidad de vida de miles de pacientes a nivel mundial.
“Uno de los avances más importantes que hemos hecho en la oncología ha sido entender que ya no hablamos de la paciente con cáncer de mama como un grupo homogéneo. Hoy sabemos que existen tres subtipos diferenciados que, en realidad, son como tres enfermedades completamente distintas”, explica el oncólogo médico español Rodrigo Sánchez-Bayona, durante una reciente visita a ciudad de Panamá.
El doctor señala que el subtipo más frecuente es el denominado hormonal positivo (HR positivo), que representa aproximadamente el 70% de los casos. Los otros dos corresponden al cáncer HER2 positivo y al triple negativo, este último considerado el más agresivo.
La identificación de cada subtipo ocurre desde el diagnóstico y determina prácticamente todo el abordaje médico.

El cáncer de mama es un tipo de cáncer que comienza como una proliferación de células en el tejido mamario. Foto/Pixabay
“Básicamente es el primer paso porque cambia por completo el tratamiento, el pronóstico y las terapias que podemos utilizar. Incluso las guías clínicas tienen recomendaciones diferentes para cada subtipo”, afirma Sánchez-Bayona, quien labora en la unidad de cáncer de mama y ginecológico del Hospital Universitario 12 de Octubre en Madrid, España.
Del tratamiento único a la medicina personalizada
Hace apenas dos décadas, la mayoría de las pacientes recibían quimioterapia como tratamiento inicial. Hoy, la realidad es un poco distinta. Sánchez-Bayona explica que el desarrollo de terapias dirigidas ha permitido reservar la quimioterapia únicamente para los casos en que realmente aporta beneficios.
“Hemos pasado de un escenario donde casi el 100% de las pacientes recibían quimioterapia a otro donde disponemos de tratamientos dirigidos contra alteraciones muy específicas del tumor. El cáncer de mama ha sido pionero cuando hablamos de medicina personalizada”, señala.
Según el especialista, actualmente los médicos pueden seleccionar medicamentos según las características moleculares del cáncer, como la presencia de receptores hormonales, la proteína HER2 o determinadas alteraciones genéticas.
Este enfoque permite ofrecer tratamientos más eficaces y, en muchos casos, con menos efectos secundarios.
Cuando el tumor depende de las hormonas
El subtipo hormonal positivo es el más frecuente y también uno de los que más se ha beneficiado de estos avances.
Sánchez-Bayona explica que estos tumores presentan una alta dependencia de los estrógenos y la progesterona, por lo que el objetivo del tratamiento consiste en bloquear la acción de estas hormonas.
“Entendimos que el pilar del tratamiento no necesariamente era la quimioterapia, sino potenciar y optimizar la terapia hormonal”, precisa.
Con el tiempo, añade, también se descubrió que algunos tumores desarrollaban resistencia a esos medicamentos, lo que impulsó el desarrollo de una nueva generación de tratamientos endocrinos capaces de actuar sobre esos mecanismos.
Gracias a ello, muchas pacientes con enfermedad avanzada reciben actualmente terapias hormonales orales en lugar de quimioterapia intravenosa.
“Si puedo ofrecerle a una paciente un medicamento que puede tomar en casa, que no le provoca caída del cabello y que mantiene una buena calidad de vida, es lógico priorizar esa opción cuando está indicada”, sostiene.

La detección temprana puede mejorar el pronóstico. Foto/Pixabay
El desafío del cáncer triple negativo
En contraste, el cáncer de mama triple negativo continúa siendo uno de los mayores desafíos en oncología.
Este subtipo recibe ese nombre porque las células tumorales carecen de receptores de estrógeno, progesterona y de la proteína HER2, lo que limita las opciones terapéuticas disponibles.
“Históricamente ha sido el subtipo donde seguimos dependiendo muchas veces de la quimioterapia porque no contamos con esas terapias hormonales o dirigidas”, explica.
Además, suele afectar a mujeres más jóvenes, incluso menores de 40 años, y con mayor frecuencia está asociado a mutaciones hereditarias, como los genes BRCA1 y BRCA2.
“Muchas de estas mujeres todavía no participan en los programas de tamizaje, por lo que el diagnóstico suele hacerse cuando el tumor ya produce síntomas y la enfermedad está más avanzada”, advierte.
La importancia del diagnóstico temprano
Aunque los tratamientos han evolucionado, Sánchez-Bayona insiste en que la detección precoz continúa siendo una de las herramientas más efectivas para mejorar la supervivencia.
El especialista recuerda que los programas de mamografía permiten detectar tumores antes de que aparezcan síntomas, aumentando considerablemente las probabilidades de curación.
“No es lo mismo diagnosticar un cáncer mediante una mamografía de rutina que cuando la paciente ya se palpa un nódulo. En este último caso, normalmente hablamos de una enfermedad de mayor tamaño”, explica.
Por ello, recomienda mantener los controles periódicos y consultar al médico ante cualquier cambio en las mamas.
Cada año se diagnostican más de 2,3 millones de nuevos casos de cáncer de mama en el mundo. En Panamá se reportan más de 1,100 casos anuales y alrededor de 300 mujeres fallecen por esta enfermedad.
“El principal mensaje es de esperanza. Aunque una de cada ocho mujeres desarrollará cáncer de mama a lo largo de su vida, hoy la supervivencia es muy alta y sigue mejorando. La mayoría de las pacientes vivirán más de cinco años después del diagnóstico y muchas podrán retomar su vida normal”, concluye.


