Esta semana empezamos con una noticia que me hizo llevarme la mano al pecho. Marelissa Him, a quien muchos conocemos por su trayectoria en los medios, el modelaje y el deporte, compartió que, a sus 38 años, fue diagnosticada con cáncer de mama en etapa 3, luego de realizarse unos exámenes médicos de rutina para un proyecto internacional de televisión.

Marelissa decidió abrir las puertas de su vida y contarlo con una vulnerabilidad que merece, ante todo, respeto. Ha dicho que quiere ser un libro abierto en esta, como ella misma la ha llamado, la carrera más difícil de su vida. Y lo está haciendo también con la esperanza de acompañar a quien pueda necesitarlo y recordarnos que un diagnóstico como este puede llegar incluso cuando creemos estar haciendo todo bien.

Confieso que, al principio, esta carta iba a ser un desahogo. Quería responderles a quienes han cuestionado que comparta su proceso en redes sociales y han interpretado su exposición como una búsqueda de atención, interacción o clics.

Pero prefiero hablar desde otro lugar.

Si frente a la historia de una mujer joven, atleta y que siempre hemos percibido saludable, nuestra primera reacción es cuestionar cómo decidió contarla, quizá estamos perdiendo de vista lo verdaderamente importante: que una enfermedad así puede tocarnos a cualquiera y que cuidar nuestra salud no debería seguir siendo algo que dejamos para después.

Lo digo porque ya he visto el impacto de Marelissa. Un conocido, muy alejado de seguir a influencers o de la farándula, me dijo que después de conocer su diagnóstico fue a hacerse exámenes de sangre por primera vez en 12 años, pese a la fobia que les tiene. Una prima adelantó sus exámenes, que tenía previstos para fin de año.

Marelissa, ojalá algún día puedas dimensionar lo que ya estás provocando.

Gracias por tu vulnerabilidad, por mostrarnos una realidad que también nos alcanza y por compartir este camino aun en los días difíciles. En tus videos te hemos visto agradecer por estar viva, incluso en medio de la debilidad del tratamiento.

Y aunque muchas te acompañemos desde la distancia, lo hacemos de corazón.

Que nunca olvides que tu historia ya está ayudando a otras personas a cuidar la suya.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora. Este texto fue publicado originalmente en el newsletter ELLAS del viernes 14 de agosto, 2026.

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