Ana Flávia Batista tenía 15 minutos para explicar su plato. Pidió permiso al jurado para presentarlo en portugués, su idioma natal, para poder expresar mejor las emociones y la historia detrás de su preparación.

Milho da vovó, o “Maíz de la abuela”, estaba inspirado en las fiestas del maíz que tantas veces vivió con su familia después de la cosecha. En esos encuentros, su abuela también era el centro. El maíz aparecía de distintas formas en la propuesta que llevó a Panamá: había una sopa con frango, pollo en portugués, una pamonha, preparación brasileña hecha a base de maíz, y el uso de las propias hojas de la mazorca como parte de la presentación.

Mientras los cinco jueces probaban el plato, Batista observaba. En cuanto parecía que iban a llevarse otro bocado a la boca, se apresuraba a añadir algún detalle. Había una traductora y uno de los chefs brasileños del jurado ayudó por momentos a traducir sus explicaciones y las respuestas a las preguntas que iban surgiendo sobre las distintas preparaciones.

La escena ocurría en uno de los salones de la Universidad Interamericana de Panamá (UIP), sede de la competencia. Desde la mañana, 15 jóvenes chefs de Latinoamérica y el Caribe habían ido pasando ante un jurado integrado por Jaime Rodríguez, Luiz Filipe Souza, Marsia Taha Mohamed, Jaime Pesaque y Alejandra Navarro. Cada uno preparó y defendió el plato que podía llevarle a la final mundial de la competencia, que se realizará en 2027 en Milán.

La S.Pellegrino Young Chef Academy Competition busca descubrir y acompañar a una nueva generación de cocineros. Los participantes llegan con un plato insignia y trabajan acompañados por un mentor. La competencia forma parte de una academia con miembros de más de 70 países, que ofrece formación, mentoría y oportunidades para relacionarse con otros profesionales de la gastronomía.

En Panamá, sin embargo, no se trataba solo de cocinar bien. Los platos que salían de las cocinas mostraban distintas maneras de hablar de procedencia e identidad. Uno por uno, los participantes debían presentarse ante el jurado, explicar qué habían preparado y responder preguntas mientras los cinco chefs probaban.

Horas después se sabría hasta qué punto había convencido la propuesta de Ana Flávia. La brasileña fue elegida ganadora regional de la S.Pellegrino Young Chef Academy Competition 2026-27 y representará a Latinoamérica y el Caribe en la Grand Finale que se celebrará en Milán en 2027.

“Maíz de la abuela” recibió además el Fine Dining Lovers Award, reconocimiento para el chef que mejor expresa sus convicciones personales a través de su plato insignia.

La elección completaba el círculo de la historia que Batista había intentado contar frente al jurado. Después de ganar reiteró que el maíz tiene una fuerte carga afectiva en su infancia, por las fiestas que vivía con su familia y, sobre todo, por su abuela.

“Poder llevar ese recuerdo conmigo, primero a Latinoamérica y ahora tener la oportunidad de representar a Brasil y a Latinoamérica y el Caribe ante el mundo entero, significa muchísimo para mí”, expresó.

Batista continuará ahora su preparación para Milán junto al chef brasileño Luiz Filipe Souza, quien formó parte del jurado en Panamá y será su nuevo mentor. Trabajarán en perfeccionar el plato, desarrollar su filosofía culinaria y prepararla para el escenario internacional.

La final regional dejó otros dos jóvenes cocineros reconocidos por sus platos. El mexicano Kevin Chávez Cazarín, con “Entre el mar y el traspatio”, recibió el S.Pellegrino Award for Social Responsibility, que reconoce las prácticas sostenibles; y el colombiano Diego Ramírez Mosquera, con “Pachamanca”, obtuvo el Acqua Panna Connection in Gastronomy Award, dedicado a propuestas que conectan tradición y modernidad. Estos reconocimientos, junto con el Fine Dining Lovers Award obtenido por Batista, podrán aspirar a sus respectivos títulos globales en 2027.