Bastó poner un pie en el Serenade of the Seas para sentir cómo la vida empezaba a latir a otro ritmo. Ese que solo reconoce el cuerpo cuando sabe que está a punto de entrar en un oasis de disfrute.
La rutina se queda en tierra firme, los problemas se los lleva una ola espumosa y los ojos no paran de asombrarse ante la majestuosidad de esta nave, que por primera vez realiza este recorrido saliendo desde Panamá. Un plus importante: es ideal para viajeros latinos y no requiere visa americana.

Serenade of the Seas desde el puerto de Colón, Panamá. Fotografía: Solangel Hurtado Mendoza/Enviada especial.
Abordamos el crucero una tarde de sábado, bajo el sol picante de la provincia de Colón. El ADN costero; de palmeras, colores intensos y las caras lindas de Colón, nos despedía mientras el puerto quedaba atrás y se abría ante nosotros una ruta pensada para redescubrir el sur del mar Caribe en paradas como Cartagena, Colombia y las islas de Aruba y Curazao.
Desde el balcón de nuestra cabina, la brisa marina era una visita constante. Aunque en las 14 cubiertas del barco siempre había algo que hacer, esa cama suave, perfectamente tendida cada día, seducía sin pudor a quedarse en una siesta frente al mar. Y sí, lo hicimos más de una vez.

El Centrum, en la cubierta 4. Fotografía: Solangel Hurtado Mendoza/Enviada especial.
Es un crucero que celebra tu presencia. Se nota en el servicio, en los detalles y en la energía de su tripulación, siempre dispuesta a atenderte y a procurar que seas feliz. Yo lo fui, inmensamente.
Cada minuto bajo el sol, marcando en la piel las líneas del bikini, lo viví entre las dos piscinas de la nave: la familiar, al aire libre, donde nunca faltaron las clases de baile, juegos, música y ambiente de fiesta en medio del mar; y el Solarium, solo para adultos, perfecto para bajar revoluciones y disfrutar en modo relax. Durante el día, la aplicación de Royal Caribbean en el teléfono celular se convirtió en aliada para no perderse nada: bingos, karaoke, clases de baile, cine, música en vivo y más. La gastronomía merece un capítulo aparte.

Desde Curazao, uno de los destinos que visita este crucero. Solangel Hurtado Mendoza/Enviada especial.
El buffet del restaurante Windjammer, en la cubierta 11, abierto para las tres comidas del día, era siempre un punto de encuentro. Mi plan favorito: desayunar al aire libre con el mar como único paisaje. Para la cena, el Main Dining Room en la cubierta cuatro ofrecía un menú a la carta distinto cada noche. Y para celebrar que estábamos marcando este sueño de crucero de nuestro bucket list, reservamos cenas de especialidad en Chops Grille, Giovanni’s Table e Izumi, donde cada plato fue parte del recuerdo.
Las noches cerraban con carcajadas, bailes y espectáculos. Desde el carisma contagioso del director de entretenimiento dominicano hasta las presentaciones lideradas por Talitha, la directora brasileña del crucero, el teatro se llenó de shows estilo Broadway, contorsionistas de aire circense y un quinteto de voces capaces de hacerte volar.

Una de las opciones de bebidas a bordo. Fotografía: Solangel Hurtado Mendoza/Enviada especial.
En Serenade of the Seas navegan familias completas, parejas enamoradas, grupos de amigas y viajeros de toda Latinoamérica. Un solo viaje, muchos acentos y la sensación compartida de que, por siete días, los sueños sí se cumplen. Un crucero que hoy, y hasta abril de este año, navega nuestras aguas, partiendo desde Panamá, y que invita a mirar el Caribe con otros ojos.


