“¿Para qué quieren los lidiceños un museo?” Podrían estarse preguntando varias instituciones y sus autoridades. Y no me sorprende, es una rareza que los panameños reconozcamos y exijamos nuestros derechos culturales. No se nos ha formado para eso.

Llevamos siete mil años cultivando las tierras capireñas, según evidencia Dolores Piperno y John Jones, en el estudio paleoecológico y arqueológico del Smithsonian, realizado en el lago de Monte Oscuro, en Cermeño, Capira, Panamá Oeste. Capira aparece en los mapas antiguos de la época colonial desde 1671, me dice el arqueólogo Tomas Mendizabal.

En el último siglo, el desarrollo llegó hasta La Chorrera, se saltó Capira y continuó en Chame. Y, aunque la razón es multifactorial (corrupción, pobre gestión de la cosa pública y falta de formación profesional y ciudadana), uno de los motivos también es el desconocimiento de los capireños por su historia e identidad cultural.

Para qué quieren los lidiceños un museo

Cada domingo del 17 de mayo al 5 de julio se realizaran reuniones comunitarias en diferentes barrios de Lídice. En la foto, la reunión realizada en el Parque El Coco. Foto: Cortesía/Irina Rodríguez

Y esa realidad la quiere cambiar un grupo de lidiceños, comenzando por su pueblo. La generación en formación debe conocer que aquí vivieron los indígenas de la lengua de Cueva, que fue el grupo indígena precolombino más sofisticado de Panamá, según Kathleen Romoli, antropóloga e historiadora estadounidense. Deben saber que nuestras abuelas y bisabuelas contaban con orgullo que cocinaban para el cholo guerrillero, el general Victoriano Lorenzo, y su ejército; que, impactados por la masacre de la gente de Lídice de Checoslovaquia por el régimen nazi, nuestros antecesores le ofrecieron nuestra tierra para el eterno descanso de sus almas, una acción solidaria que puso nuestro pueblo del lado de la dignidad de las personas, de los derechos humanos y del lado correcto de la historia.

El cambio de nombre de El Potrero a Lídice, en 1943, fue el último episodio en la historia reciente de Lídice. Se realizó el domingo 31 de octubre de 1943 en el Parque Central, eso estaba lleno de gente, mi abuelo Pipo, Sixto Morán o Barbaridad, como le decían, era apenas un muchacho de 25 años y estuvo allí. La gente estaba alrededor del monolito y atrás estaba la iglesia en construcción, sobre su fachada colgaron una pancarta de tela que decía: “Lídice, víctima de la horda nazi ahora vive en Panamá”.

Desde entonces conmemoramos el cambio de nombre cada año, pero una gran parte de los niños, niñas y adolescentes de hoy, incluso varios adultos, desconocen el himno de Lídice escrito por Julio Martínez, que el predio histórico está ubicado en el Parque Central y que está compuesto por el parque, el monolito y la iglesia vieja. Y si desconocen la historia reciente mucho menos la pasada. Necesitamos aliarnos con los directores de las escuelas del pueblo para que nos ayuden a fortalecer la identidad cultural de sus estudiantes.

En ese sentido, varios lidiceños nos hemos unido para accionar y crear el primer museo comunitario y por la riqueza natural de Lídice, vivimos a las faldas del Cerro Trinidad, integramos elementos de un ecomuseo en el concepto del museo que soñamos.

Para qué quieren los lidiceños un museo

Predio histórico de Lídice. El domingo 31 de octubre de 1943, aquí, se cambió el nombre de este corregimiento capireño. El Potrero pasó a ser Lídice (en honor a Lídice de Checoslovaquia, hoy República Checa). Foto: Vannie Arrocha

El predio histórico requiere mantenimiento apropiado: el monolito de 1943 fue recubierto con baldosas, sin consultar con el pueblo y explicar el por qué; la iglesia vieja lleva varios años en desuso y nunca se le ha dado un mantenimiento técnico profesional a esa infraestructura de 81 años (ya no tiene su campanario y la cruz se le cayó hace unos años atrás, y alguien le quería cambiar sus ventanales viejos por ventanas francesas).

Por eso, en nuestro proyecto, el primer paso fue reunirnos con la Universidad Tecnológica de Panamá, Centro Regional de La Chorrera, para solicitarles una evaluación técnica y conocer la situación actual del inmueble. También entablamos comunicación con el Ministerio de Cultura, al que le solicitamos asesoría técnica durante todo el proyecto; con la Red de Museos y Centros de Visitantes de Panamá, que nos facilitó literatura; con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, al que le solicitamos apoyo para reanudar los lazos con Lídice de República Checa.

Navegando la página de la Organización de Estados Iberoamericanos, encontramos la incubadora Rutealc, que impulsa la creación de iniciativas vinculadas a las rutas culturales en fase de inicio, incipiente o emergente, y nos pusimos en contacto con la oficina de Panamá.

Estamos muy contentos con los avances logrados en cinco meses, estamos conscientes de que nos quedan mínimo dos años de trabajo fuerte. Pero tenemos aliados a título personal que valen oro, como Marcela Camargo, Guillermina De Gracia, Katti Osorio, Almyr Alba, Tomás Mendizábal y Juan Guillermo Martín, quienes nos ilustran en sus distintas especialidades cada vez que tenemos alguna duda.

En la fase 2 del proyecto, entraremos en la recaudación de fondos, buscaremos recursos en el país como en el extranjero, para la restauración de la iglesia y contratar los servicios de un museólogo/a. Prepara tu bolsillo y ayúdanos a demostrar que el desarrollo social y económico de “Capirá” es posible, comenzando por su corregimiento pulmón: Lídice.

Eva, Naybel, Pablo, Raúl, Rodolfo, Katherine, Lester, Luisa, Abdiel, Nayroby, Irina, ¡seguimos!

* La autora es periodista y escritora.