El papa León XIV llegó este sábado 28 de marzo al Principado de Mónaco, una visita histórica de nueve horas, convirtiéndose en el primer pontífice en visitar este territorio en tiempos modernos.

La última visita de un sumo pontífice a Mónaco data del siglo XVI, cuando Pablo III viajó en el marco de las negociaciones de paz entre Carlos V y Francisco I.

A su llegada, el santo padre fue recibido por el príncipe Alberto II de Mónaco y la princesa Charlène (vestida de blanco, una distinción reservada a las reinas y princesas de monarquías católicas) en medio de una ceremonia protocolar que incluyó 21 cañonazos disparados desde el Fuerte Antoine y el repique de campanas en las iglesias del principado.

León XIV, el primer Papa en visitar Mónaco en la era moderna

Foto de EFE. Autor: Ettore Ferrari

Durante la jornada, el papa sostuvo encuentros con autoridades, la comunidad católica, jóvenes y catecúmenos, además de presidir la Eucaristía. La iglesia local eligió como lema de la visita una cita del Evangelio de Juan: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

Uno de los momentos centrales tuvo lugar en el Palacio del Príncipe, donde tras una reunión privada con el soberano, León XIV se dirigió a la multitud desde el balcón. En su discurso, denunció la creciente desigualdad social:

“Las estructuras del pecado que abren abismos entre pobres y ricos... cada talento, cada oportunidad y cada posesión tiene un destino universal”.

León XIV, el primer Papa en visitar Mónaco en la era moderna

Foto de EFE. Autor: Sebastien Nogier.

Más tarde, en la Catedral de Nuestra Señora Inmaculada, el pontífice se reunió con la comunidad cristiana en un acto al que asistieron miembros de la familia principesca, entre ellos la princesa Carolina, sus hijos Carlota y Pierre Casiraghi, junto a Beatrice Borromeo, así como la princesa Estefanía y su familia.

La jornada concluyó en la iglesia de Santa Devota, patrona del principado, donde el Papa sostuvo un encuentro con jóvenes. Allí los animó a convertir Mónaco en un “laboratorio de generosidad” y reflexionó sobre el ritmo acelerado de la sociedad actual:

“Vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, ávido de novedades, amante de una fluidez sin vínculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos”